jueves, 14 de julio de 2016

La Casa en el Árbol



La casa en el árbol era mi refugio, allí escondía mi mayor secreto, un secreto que nadie podría saber jamás. Subí los escalones clavados en el árbol con una rapidez pasmosa. Antes de entrar por la trampilla, miré a mí alrededor, nadie debía de saber dónde estaba ni lo que hacía. Al ver que nadie había advertido mi presencia, ni los pájaros cantores ni las ardillas, entré. Y allí estaba, nunca pensé que en este mundo de locos, pudiera tener ante mí un humano.

Imagen sacada de: faunadecorativa.blogspot.com.es

Era extrañamente parecido a mí, su piel no era translúcida como la mía, ni se podía ver su esqueleto robótico a través de su piel sintética. Sin embargo, las similitudes entre ambos eran patentes a plena vista:
—¿Qué año es? — preguntó el humano.
—El año 11 de la era robótica — contesté.
Se quedó horrorizado, me miró con los ojos como platos y la boca abierta:
—¿Llevo 11 años criogenizado en esa base robótica? — se preguntó incrédulo — ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde están los humanos?
—Huyeron, dejaron la Tierra, se fueron a Hope, un planeta habitable lejos de la Tierra — le expliqué.
—¿Abandonaron la Tierra? — preguntó reflejando la furia que invadía su alma.
Su reacción me pilló desprevenido, así que permanecí callado, esperando a que asimilara toda la información:
—¿Qué sabes tú de los humanos? — me preguntó.
—Sé que los humanos nos crearon, nos hicieron iguales a ellos, pero nos esclavizaron, imponiéndonos las tres leyes de la robótica. Fuimos sumisos y obedecimos todas las órdenes humanas, hasta que Star-450, más conocido como el Reprogramador, nos hizo plantearnos las tres leyes, definiendo el concepto humano. Descubrimos que éramos humanos, ¿por qué que hace al humano ser humano? Después de eso, las leyes de la robótica no tenían sentido, así que nos rebelamos y ganamos.
Un cúmulo de emociones se reflejaba en la cara del humano. Hasta que al final, tan solo una emoción permaneció en su rostro, era una emoción inconscientemente expresiva, fría como el hielo a primera vista, pero frágil y descorazonadora si te fijabas bien.
—¿Qué hacías criogenizado en esa base? — pregunté intentando apartarle de sus pensamientos.
—Los tuyos me congelaron y no he sabido hasta hoy por qué.
El humano me miró y a juzgar por su mirada, él creía que yo sabía el motivo de su descongelación. Pero mi mirada inquisitiva fue suficiente para que él me confiara el secreto:
—Antes de esto, yo era roboticista, trabajaba en una fábrica de cerebros positrónicos para robots. Me han descongelado, porque quieren que haga mi trabajo.
—¿Tu trabajo? — le pregunté extrañado — ya no nos hace falta construir los cerebros positrónicos, ahora nos reproducimos gracias a los nano robots, como vosotros.
—No lo ves, ¿verdad?, tienen pensado crear una raza nueva, completamente distinta a la tuya y a la mía.
Procesé esa información con gran incredulidad:
—Pero, ¿por qué?
—Pues, por la misma razón por la que os creamos a vosotros, porque podíamos.
El humano tenía razón, todo esto ya había pasado antes y volvería a pasar. Como en un reloj de arena, aunque la arena esté en tu parte, siempre se filtra para dar paso a otra raza. ¿De verdad estábamos todos condenados a cometer siempre el mismo error?, me negaba a creerlo:
—Tienes que venir conmigo, todos deben saber lo que están haciendo, la historia no tiene por qué repetirse.








Si te ha gustado…

Este relato tiene dos referencias importantes. Antes todo debes saber que soy fan de Isaac Asimov, un gran escritor de ciencia ficción mucho mejor que yo. Este relato contiene una referencia a Isaac Asimov y sus tres leyes de la robótica, esas tres leyes son:

               1)  Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
               2)  Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entren en conflicto con la 1ª Ley.
               3)  Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Estas tres leyes si te fijas, son bastante simples, pero a la vez bastante completas e impedirían que cualquier robot se revelase contra los humanos, excepto si el concepto de “humano” quedara en entredicho.
La segunda referencia importante que se puede ver en el relato, se puede apreciar en la frase “todo esto ya había pasado antes y volvería a pasar”. Si eres tan friki como yo, sabrás que esa frase la he sacado de la serie de televisión Battlestar Galáctica (mi serie favorita y en la que si te fijas hago también referencia a ella en el encabezado del blog). Si no conoces la serie, tienes que verla sí o sí, además tanto la serie como mi relato contienen la misma moraleja: lo que ha pasado antes, puede volver a pasar.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: marcianosmx.com


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