domingo, 17 de septiembre de 2017

El Paciente Cero

La primera vez que le vi, no me pareció un hombre, mis compañeros me insistieron mucho en eso. Un hombre, un monstruo, que abandonó todos sus derechos y libertades cuando asesinó a todas esas personas.

Le condenaron a muerte, pero ese no fue su final, su cuerpo fue donado a la ciencia, a nosotros. Cuando conseguí este empleo, su cuerpo moribundo había sufrido muchos cambios y ya parecía más un animal que un ser humano. Le utilizaban como rata de laboratorio, le hacían prueban y le medicaban constantemente.
Imagen sacada de: es.globedia.com
Tenía moratones y sarpullidos por todo el cuerpo, estaba extremadamente delgado y tenía unas ojeras enormes. Sin embargo, lo más impactante de él, eran sus ojos. Su iris era blanco y brillaba como el nácar, se decía que podía percibir cualquier ligero cambio de su entorno y que podía ver en la oscuridad. Sus sentidos, estaban mucho más desarrollados que los nuestros.
Ante la carencia de resultados favorables, me llamaron a mí, una psicóloga de renombre, con la esperanza de que le devolviera a aquel hombre las ganas de vivir.
—Hola Marte, soy la doctora Eli Clark, he venido a ayudarte — me presento.
La sala blanca en la que me encuentro, carece de decoración alguna, no hay ruido, no hay ningún cambio en el ambiente. Las cuatro paredes que retienen a mi paciente, iluminadas por fluorescentes, nunca han conocido la palabra comodidad.
Mi paciente sigue tumbado en el suelo, moribundo, con la mirada perdida y totalmente ajeno a mis palabras.
—Dime, ¿por qué te llaman Marte? — digo intentando provocar algún tipo de reacción.
Por un segundo empiezo a pensar que el paciente ya está muerto, pero entonces percibo un ligero parpadeo en sus ojos.
—Entiendo que no quieras hablar, pero quiero que sepas, que mi única intención es la de ayudarte y que a partir de ahora, las cosas empezarán a mejorar.
Tras mucha espera y sin resultados, vuelvo a casa cansada, con la esperanza de que mañana sea mejor. Paso los debidos controles y llego al descampado de los laboratorios, éstos están rodeados de unas vallas y tras ellas, ya en el exterior, me sorprende ver a una mendiga mirando tras las rejas el edificio en el que trabajo.
—Señora, no puede estar aquí, esta es una zona restringida.
—Son todos unos mentirosos, unos falsos — murmura la mendiga.
—Señora, ¿me oye? — digo acercándome a ella.
De pronto, la vagabunda me sujeta por los brazos y me mira fijamente dejando apenas dos palmos de distancia entre nuestras caras:
—No confíe en ellos, todo lo que dicen son mentiras.
Con mucho esfuerzo, consigo soltarme de sus manos y salgo corriendo hacia casa.
A la mañana siguiente, me sorprende conseguir que el sujeto coma algo, su huelga de hambre iba a conseguir matarle. Mis jefes están orgullosos de mis resultados y me han invitado a comer para hablar de mi futuro.
—Parece que su ayuda está consiguiendo resultados — dice el doctor Earl.
—Eso parece, señor — digo aceptando orgullosa su generosa copa de vino.
—¿Cuándo cree que empezará a hablar?
—Es difícil de predecir, señor.
La imagen de la vagabunda vuelve a nublar mi mente y una pregunta aparece en mis labios:
—Disculpe, señor, pero, ¿qué hace ahí esa mendiga? La vi ayer al salir del trabajo y hoy la he vuelto a ver cuando he venido.
—¿Mendiga? ¡ah si, la señora Larson! Espero que no le haya incomodado su presencia, está obsesionada con estas instalaciones, insiste en que su hijo está aquí, secuestrado o algo parecido, pero en fin, ¿qué más da? Está loca.
Por una extraña e incoherente razón, al salir del trabajo, decido acercarme de nuevo a ella, no muy segura de estar haciendo lo correcto:
—¿Señora Larson? — me atrevo a preguntar.
La mendiga me mira sorprendida, como si su nombre no fuera más que un recuerdo de una época pasada.
—Tienen a mi hijo — murmura.
—Lo siento, señora Larson, pero su hijo no está aquí — insisto.
—Le secuestraron cuando era tan solo un bebé, dijeron que era peligroso, que sus brillantes ojos blancos los cargaba el diablo.
—¿Ojos blancos?
Un escalofrío recorre mi espalda, solo hay un ser en todo el planeta que tiene esos extraños ojos blancos.
—Marte, le llaman, porque dicen que viene de ese planeta — se ríe la anciana.
—Discúlpeme — digo antes de marcharme.
El simple conocimiento del nombre de Marte, me dice que la mendiga sabe algo que yo desconozco. Vuelvo al trabajo movida por un impulso y con la excusa de que se me ha olvidado algo en el laboratorio, entro a hurtadillas en el despacho del doctor Earl.
Busco entre sus informes y descubro la verdad. Marte no es un asesino perdonado del corredor de la muerte, fue secuestrado al nacer por presentar una anatomía distinta al resto. Entre el informe de Marte, hay más, más personas que presentan los mismos ojos blancos del sujeto, muchas más personas que han nacido con las mismas características que mi paciente.
Movida por la verdad, decido sacar a Marte de las instalaciones, liberarle. Entro en su cárcel y veo en sus ojos el mismo miedo que tantas veces ha mostrado.
—Hola Marte, soy Eli, he venido a sacarte de aquí.
Con su brazo sobre mis hombros consigo sortear a los guardias. Sin embargo, todo se acaba cuando dos guardias armados se interponen en nuestra salida.
De pronto, Marte levanta la mano y apunta a los guardias con ella, mirándoles fijamente a los ojos. Los guardias sueltan las armas y se sujetan los cuellos como si una mano invisible les estuviera ahogando. Al cabo de unos segundos, los guardias caen muertos.
—¡Doctora Clark! — grita el doctor Earl detrás de mí — ¿por qué hace esto?
—Lo he visto, he visto lo que les hacen a los niños que hacen con los mismos ojos blancos de Marte. Sé que son diferentes, pero tal vez sea un paso más en la evolución humana, ¡no tienen por qué morir!
—Señora Clark, no lo haga, no le libere.
Suelto el brazo de Marte y veo como este desaparece por la puerta de salida.
—¡Pero qué ha hecho! — grita el doctor Earl.
—Marte no ha hecho nada malo, es un ser humano y tiene derechos.
—¿En serio? ¿usted cree? ¡mire lo que acaba de hacer!
Dirijo mi mirada a la dirección que marca la mano del doctor Earl y me sorprende ver a la señora Larson. Veo como ésta se quita la ropa de mendiga que lleva encima, dejando verse ropa normal de calle, se quita la peluca, mostrando así su perfecta melena rubia y se quita las lentillas, enseñándonos a todos sus inquietantes ojos blancos.





Si te ha gustado…

Esta historia al más puro estilo “Más allá del límite” o “Black Mirror” nos enseña una moraleja, las apariencias engañan. La doctora Eli Clark, creía que estaba salvando a un hombre que había nacido diferente, pero en realidad, el nombre de Marte no se lo dieron por ser un hombre peculiar, sino por ser de ese mismo planeta.
Ten cuidado con la gente que vaya “dando pena”, porque muchas veces, tienen intenciones ocultas.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: mundodapsi.com

domingo, 10 de septiembre de 2017

El Asesino

Jamás pensé que pasaría las primeras pruebas. Con la entrevista personal pensé que me descartarían, pero no fue así. Ahora estoy esperando para la prueba final, la llamada Dinámica de Grupo.
La sala de espera resulta sospechosamente tranquila, un hilo musical relaja la estancia, mientras unas revistas adornan la mesa más cercana. Hay otras personas en la sala y me pregunto si serán mis oponentes. Al fin y al cabo, solo una persona saldrá de aquí con un puesto de trabajo.

Nos ofrecen a todos café y té lo cual nos relaja bastante para lo que está por venir. Después de media hora, nos empiezan a llamar, uno a uno vamos pasando, hasta que al final me reúno con ellos en una sala con una larga mesa en el centro. Todos se sientan alrededor de dicha mesa, así que yo hago lo propio.
Imagen sacada de: mx.canalaetv.com
Al cabo de unos minutos, un hombre entra en la sala con una Tablet entre las manos, por su desparpajo parece estar al mando:
—Bienvenidos, todos ustedes han sido cuidadosamente escogidos para cumplir los objetivos de la empresa. Todos son perfectamente válidos para cumplir nuestras expectativas. Sin embargo, necesitamos una comprobación más, necesitamos ver cómo interactúan con otras personas. De ahí que todos hayáis tenido que firmar este contrato de confidencialidad y conformidad con la siguiente prueba psicológica.
—Respecto a ese contrato de confidencialidad, hay una cláusula que me preocupa — interrumpe una de las candidatas.
—¿Sí? ¿cuál de ellas?
—La de que si nos ocurre algo durante la prueba, la empresa no se hace responsable.
—Así es, si ocurre algún accidente durante la prueba la empresa no será responsable, si no está conforme con esto, ahí tiene la puerta — dice el instructor señalando fríamente la puerta por la que hemos entrado.
La candidata rehúsa la invitación del responsable y con ello, empieza la prueba:
—Os vamos a dar a todos un papel, dentro del papel podréis ver vuestro perfil y con ese perfil tendréis que actuar en consecuencia.
Una de las empleadas se pasa por nuestro lado con un cuenco lleno de papeles doblados. Uno por uno, vamos cogiendo uno de los papelitos del cuenco y tras asegurarnos de que nadie nos mira, abrimos el papel.

“Víctima nº4”

Me aterro al leer en el papel esas dos únicas palabras, pero intento mantener la calma y esperar a la explicación de la prueba:
—Bien, el juego es el siguiente — nos sigue explicando el entrevistador — en esta sala hay un asesino, debéis averiguar quién es antes de os elimine como amenaza. Recordar, el tiempo corre, cada veinte minutos si no habéis averiguado quién es el asesino, morirá alguien. La única regla que hay es esta: una vez empiece la prueba, nadie podrá salir de ella hasta que termine. ¿Alguna pregunta?
Nadie dice nada, aunque todos tenemos preguntas que hacer. El miedo y la presión de la prueba nos impide decir nada.
—En ese caso, buena suerte.
Tanto el entrevistador como la empleada desaparecen por la puerta, dejándonos a los candidatos a solas es una sala tan vacía como su decoración.
En los primeros minutos nadie habla, nadie está seguro de cómo empezar. Sin embargo, un hombre rubio y aspecto desenfadado es el primero en hablar:
—Bien, empecemos, os diré quién creo que es el asesino, yo creo que el asesino eres tú — dice señalando a la mujer más mayor de la sala.
—¿Yo? ¿por qué yo?
—Porque has reaccionado de manera muy extraña cuando has visto lo que está escrito en tu hoja.
—Yo no he reaccionado de ninguna forma — protesta la mujer.
Pasa el tiempo y aunque hay muchas acusaciones nadie se pone de acuerdo en acusar a nadie de ser el asesino. Miro el reloj con preocupación y descubro que ya han pasado veinte minutos.
—¡Chicos mirad! — exclamo.
Todos miran el reloj y se dan cuenta de lo que quiero decir.
—Bueno, ¿quién es la primera víctima? ¿quién se ha quedado sin empleo? — dice animadamente el rubio.
De pronto, la mujer que acusaron por primera vez de ser la asesina se pone blanca. Empieza a toser con dificultad como si le faltara el aire y una espuma blanca le empieza a salir por la boca. Intentamos ayudarla, pero cuando queremos darnos cuenta, ya está muerta.
—Mirad su papel, ponía “Víctima nº1” — dice el candidato afroamericano.
Por un momento mi corazón deja de latir, el aire deja de entrar en mis pulmones y el miedo empieza a apoderarse de mí.
—De acuerdo, creo que hay una manera muy sencilla de saber quién es el asesino — digo — mostrar todos vuestro papel.
Todo el mundo obedece y enseña a los demás lo que pone escrito en el papel que escogieron: Victima nº2, víctima nº5, víctima nº8, pero ningún asesino. Nadie tiene en su papel escrito Asesino.
—¿Cómo es posible? — pregunta una de las candidatas.
—Porque el asesino no somos ninguno de nosotros — contesto.
—Pero han dicho que hay un asesino esta sala.
—Sí y es un asesino silencio, tan silencioso como el veneno — contesto mirando a la cámara desde donde nos observa el entrevistador.
—¿Veneno? ¿cuándo nos han inyectado veneno?
—¡En el café! — exclama uno — ¡en el café antes de entrar en esta sala!
—¿Por qué harían esto?
Intento pensar en lo ocurrido desde que entré aquí. En toda la empresa, solo recuerdo haber visto a dos personas: la empleada y el entrevistador. Recuerdo lo que pensé al saber dónde se haría la entrevista, en lo apartado que estaba el sitio, lejos de la ciudad y de la gente y entonces ato cabos.
—Porque esto no es una entrevista de trabajo — contesto segura de mis palabras — estamos encerrados aquí, somos los rehenes y el único asesino que hay, es el sociópata que nos observa a través de la cámara, ya le habéis oído, esto es un juego, un juego para él.







Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado en dos películas: Saw y After the Dark. Me he inspirado en Saw porque al fin y al cabo son un grupo de personas que acaba siendo prisionero de un psicópata, pero también me he inspirado en After the Dark, una película dónde se habla sobre todo de “juegos psicológicos”.
La moraleja de esta historia es: “ten cuidado de dónde haces una entrevista de trabajo porque puedes acabar muerto”. Al anunciarnos con nuestros currículums no solo estamos llamando la atención de las empresas sino de todo el mundo y esto puede caer en malas manos.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: noticias.universia.es

domingo, 3 de septiembre de 2017

Conexión Humana

Desde pequeña he crecido con una única idea, conocer a mi Predestinado, esta idea puede que haya sido fomentada por mis padres, ya que trabajan en Predestinium, una empresa que se encarga de unir a las personas.

El concepto de Predestinium apareció hace algunos años cuando un científico, Adolf Kurt, descubrió algo asombroso. Los humanos tenemos algo único en nuestro ADN, una esencia que nos identifica, esa esencia está dividida en dos cuerpos, el de un hombre y el de una mujer. Solo un hombre y una mujer en todo el mundo pueden tener la misma esencia. Poco después, se descubrió que esa esencia era mucho más importante de lo que nos imaginábamos, unía a las personas como dos almas gemelas.
Imagen sacada de: listas.20minutos.es
Ya no hacía falta tener muchas relaciones de pareja para conocer a tu alma gemela, Predestinium te dice quién es tu Predestinado y tú solo tienes que presentarte. Los divorcios se redujeron a cifras insospechadas y aunque hubo ciertos despidos debido a escasez del negocio de los divorcios, la gente era más feliz.
Mis padres me llevaron a Predestinium siendo aún pequeña y me hicieron el estudio para descubrir quién es mi Predestinado. Mi alma gemela resulta ser un tal Tavin O’Connor, un irlandés de familia media cuya pasión es el rugby.
Mis padres se pusieron en contacto con su familia nada más descubrir la noticia y pactaron nuestra boda y encuentro para cuando tuviera dieciocho años. Ahora mismo tengo diecisiete años y me queda poco menos de un mes para cumplir los dieciocho.
Estoy terriblemente nerviosa, pero no soy la única:
—¿Y si no le gusto? — le pregunto a mi amiga Olivia.
—Ya, yo también me hago la misma pregunta, es demasiada presión para una chica dieciocho años tener que decidir a qué queremos dedicarnos y encima conocer a nuestro Predestinado.
El Predestinado de Olivia es coreano llamado Hyun Kim y al igual que todos, conocerá a su alma gemela el día del Encuentro.
—Los Predestinados no son más que una treta del gobierno, no existen — dice Eloy al pasar por nuestro lado.
—No le hagas caso — me susurra Olivia al oído — es un Durai.
—¿Un qué? — pregunto sin comprender.
—Un Durai, una persona que no tiene Predestinado.
—¿Cómo que no tiene Predestinado? ¡Todos lo tenemos!
—Sí, pero su Predestinada murió en un accidente de coche junto a sus padres.
Miro a Eloy con sorpresa y cierta tristeza, si no tiene una Predestinada se quedará solo para siempre, ya que nadie estará dispuesto a rechazar a su alma gemela para estar con él.
Me acerco a él y noto en sus ojos ese rechazo a todos los que tienen Predestinados.
—Yo… — empiezo a decir.
—Sé lo que vas a decirme, pero ahórratelo, no estoy solo en el mundo como todos los Predestinados creéis. Tengo una misión, como todos los de mi condición y si fueras lista, tú también la tendrías.
—¿Qué quieres decir?
—¿Nunca te has planteado por qué los gobiernos están tan interesados en que nos juntemos con nuestros Predestinados? ¿en por qué hay tantos Predestinados separados que no se pueden divorciar?
La campana del colegio suena y tengo que reunirme con mi familia y el resto de mis compañeros y sus familias en las gradas para la presentación del día del Encuentro.
—Tengo que irme — le digo a Eloy.
—Sí, deberías
—¿Tú no vienes? — pregunto sorprendida.
—No, no tengo a nadie con quién encontrarme.
—Y ¿qué vas a hacer?
—Me quedaré aquí, tengo que reunirme con mi grupo, nos espera mucho trabajo por delante… — Eloy me mira dubitativo — tú puedes venirte si quieres, nos vendría bien tu ayuda.
—Debo reunirme con mi familia.
—Lo entiendo, pero piensa en lo que te he dicho cuando vayas a conocer a tu Predestinado, tal vez la persona que creías que era tu alma gemela no es más que una persona corriente. Por si cambias de idea, te esperaremos hasta las diez en punto, pasado ese tiempo si no estás aquí, entenderemos que has preferido quedarte con tu Predestinado en vez de averiguar la verdad.
Entro en la sala con la idea de Eloy rondándome por la cabeza, ¿y si tiene razón? ¿y si hay una razón oculta para esto?
—Mira —me susurra Olivia a mi lado — ahí llegan los predestinados, ¿Quiénes de esos chicos serán los nuestros?
Observo a los chicos y chicas de diferentes nacionalidades y culturas llegar al gran salón y ponerse en las gradas de la derecha. Busco con la mirada a algún chico con pinta de irlandés y aspecto de que le guste el rugby, pero no lo encuentro.
—Bienvenidos chicos y chicas al día del Encuentro — nos anuncia la directora Coy — hoy estamos aquí para rendir homenaje a Adolf Kurt y su increíble hallazgo de unión.
Aunque el discurso de la directora Coy resulta interesante, yo solo puedo pensar en una cosa, la hora. ¿Qué es lo que de verdad quiero? ¿qué es lo que estoy buscando? Faltan apenas unos minutos para que sean las diez y no sé qué hacer. Por una parte si me voy y abandono a mi Predestinado tal vez me haya condenado a ser un Durai y vivir sola para siempre, pero por otro lado, si Eloy tiene razón y hay un motivo oculto y oscuro por el que estamos aquí, viviré un engaño.
Un impulso me guía, un impulso me hace levantarme de la silla y abandonar la sala. Eloy está con los otros Durais reunidos en el patio de recreo, me sonríe al verme y noto que me reconforta.
—Al final has decidido venir — me dice con una sonrisa.
—¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué motivo oculto puede tener el gobierno para esto?
—La genética, no nos unen porque seamos almas gemelas, nos unen para crear humanos genéticamente perfectos, perfectos para sus fines, para que seamos más dóciles y obedientes y les votemos en las elecciones. — me contesta una de las Durai.
—Vamos a desenmascararles y hacerles pagar por todo — interviene Eloy — ¿te apuntas?
Dudo unos segundos, pero la sonrisa de Eloy me hace decidirme:
—¿Cuándo empezamos?








Si te ha gustado…

La idea de este relato está inspirada un poco en Divergente y en Los Juegos del Hambre, ya que al igual que aquí, en esas sociedades distópicas los gobiernos intentan controlar a la gente por medio de grupos y separar a los humanos en clases.
La moraleja de esta historia es un poco romántica, no siempre lo que creíamos que era nuestra alma gemela lo es, a veces lo que tenemos delante de nuestros ojos es lo que nos corresponde.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.todamujeresbella.com

domingo, 2 de julio de 2017

Las Almas del Universo

Han pasado dos años desde la invasión. Nuestro mundo se encuentra ahora bajo el yugo de los Afrorians, una raza alienígena cuyo objetivo es someternos. Quieren nuestra tierra, pero también nos quieren a nosotros.
La resistencia no deja de hacer estragos en sus defensas, pero eso no es suficiente, no dejamos de ser una mosca luchando contra un león. Muchos de nosotros nos hemos rendido y nos conformamos con servir a los Afrorians a la vez que seguimos con nuestras vidas. Yo soy una de esas personas, luchar contra los Afrorians dejó de tener sentido cuando perdimos la guerra.

Trabajo en el aserradero a las afueras de Madrid. Nuestros jefes quieren que talemos todos los árboles de la zona para construir uno de sus “frobisers”, un lugar donde guardan sus huevos y sus crías. Ya queda menos para terminar nuestra jornada y mi compañero Pedro se empieza a impacientar:
Imagen sacada de: www.kabbalah.info
—Ya ha pasado más de media hora desde que sonó la campana, deberíamos irnos ya y sin embargo, aquí seguimos. — dice mientras corta con el hacha los árboles talados.
—No te impacientes Pedro, ya nos dirán cuando podemos parar — le susurro.
—Todo esto, ¿no te huele mal?
—¿Qué quieres decir?
—Nunca nos dejan trabajar después de sonar la campana, se están saltando sus propias reglas.
—Ya — contesto pensativo — tendrán sus motivos…
—Yo te diré cuáles son esos motivos, no estamos talando árboles para que construyan un frobiser, van a construir otra cosa.
Me da un vuelco el corazón, ¿cómo no me había dado cuenta antes? El procedimiento que están teniendo los Afrorians respecto a este sitio no es normal.
—Piénsalo — insiste mi amigo — ¿por qué iban a construir un frobiser a las afueras de la ciudad? ¿por qué tanta vigilancia? ¿por qué estos horarios tan extraños de trabajo?
—Tienes razón — digo mirando al guardia más cercano — pero, ¿qué querrán construir?
—Un campo de exterminio
Miro atónito a Pedro por un instante mientras él continúa talando árboles y es en ese momento cuando uno de los guardias Afrorians se da cuenta que he dejado de trabajar y me pega con su látigo de púas. Continúo trabajando para evitar más golpes y le hago a Pedro la gran duda que corre por mi cabeza:
—¿Cómo sabes eso?
—Porque soy de la resistencia — me susurra.
Aunque nunca me lo había confesado, yo ya lo sospechaba por sus partidas nocturnas y su forma de pensar. Echo un vistazo a nuestro alrededor y rezo porque nadie le haya escuchado esa confesión. Seguro de seguir siendo imperceptible por nuestros amos, continúo con la conversación:
—¿Por qué iban a querer construir un campo de exterminio?
—Porque ya hemos hecho todo lo que querían, hemos construido su ciudad y su forma de vida en la Tierra, ahora lo que necesitan es espacio, muchos se quedarán para seguir siendo sus esclavos, pero el resto no somos necesarios, necesitan reducir nuestra población para incrementar la suya.
—¿Por qué me cuentas esto ahora?
—Porque te necesitamos, la resistencia te necesita.
Por algún extraño motivo, ya sospechaba que me diría eso, por lo que no me pilla de sorpresa cuando sus labios pronuncian las palabras. Si lo que dice es cierto, yo seré una de esas víctimas del campo de exterminio y eso no lo pienso permitir.
—¿Qué queréis que haga?
—Queremos que destruyas su base. Trabajas para el líder Kal como su ayuda de cámara, queremos que lo mates y vueles su palacio.
—Eso destruirá a los Afrorians.
—¡Exacto!
—Contad conmigo.
Como cada noche, el líder Kal me llama para que vaya a sus aposentos y le ayude a cambiarse. Sin embargo esta noche, aparte de llevar las toallas también llevo un cuchillo, que no dudo en clavárselo cuando está de espaldas. Preocupado miro hacia la puerta donde los guardias custodian la puerta, pero éstos no han oído nada del apuñalamiento de Kal.
Huyo por la puerta del servicio y me muevo entre los muros hasta llegar al corazón del palacio, las mazmorras, llenas de tesoros, del líder Kal. Preparo los explosivos, las cargas y rezo porque nadie se de cuenta de mi presencia, pero al rato descubro que no es así. Un afrorian me observa escondido tras una pila de oro.
—Lo siento — empiezo a decir muerto de miedo.
Eres como yo — dice acercándose.
—¿Perdón?
Cada raza, cada especie, tiene las mismas almas, tu alma tiene un equivalente en gato, en perro, en pájaro y también en afrorian. Tu carácter, tu personalidad, todo lo que te hace ser tú, está clonado en cada especie del universo y yo soy tu clon afrorian.
De repente me fijo en que el afrorian tiene un tic en el ojo, el mismo tic que yo tengo desde que era pequeño.
—¿Cómo es posible? — pregunto confuso.
—Tal vez estamos condenados a repetir siempre nuestra historia, nosotros os conquistamos a vosotros porque habían invadido nuestro mundo, tal vez vosotros le hagáis lo mismo a otra especie y tal vez encuentres a tu clon allí y así el ciclo de la vida permanecerá intacto.
El contador de los explosivos está a punto de llegar al cero, el tiempo se acaba y tengo que salir de aquí.
—Vete — me dice el afrorian — yo me encargaré de que esto explote.
Sin mirar atrás, sin reflexionar, salgo corriendo del palacio y a metros de distancia de él, veo como explota y arde en el infierno del que fue creado. Tal vez tenemos más en común con los afrorians de lo que pensamos y tal vez podamos usar eso, para cambiar el curso de la historia.







Si te ha gustado…

He escrito esta historia pensando en que tal vez exista un número límite de almas y esas almas están replicadas en cada especie del universo. Si ese fuera el caso, podemos llegar a la conclusión de que podemos llegar a conocer a cada especie tanto como conocemos a la nuestra y si hacemos daño a alguna de esas especies, no solo les afectará a ellos, sino también a nosotros y a nuestras almas.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.india.com

domingo, 18 de junio de 2017

El Proyecto

Mi mujer era mi obsesión, ella era mi alma gemela, me completaba y sentía que sin ella mi mundo se derrumbaría. Cuando esa terrible enfermedad se la llevó, perdí la fe en todas las cosas. Ya nada me satisfacía, nada me llenaba. La pena se hundía en lo más profundo de mi corazón y allí me desgarraba.
En la oscuridad y la desesperación, una idea surgió en mi mente. No iba resignarme a su partida, si los dioses habían decidido arrebatármela, yo sería mi propio dios.

Empecé mi proyecto, empecé a construir, pero a medida que avanzaba me di cuenta de que necesitaba ayuda. Puse un anuncio y esperé a que los primeros candidatos aparecieran:
Imagen sacada de: mx.tuhistory.com
—Aquí dice que sois expertos en mecánica — le digo al primer candidato — ¿Habéis trabajado antes en algún proyecto similar?
—No, pero he estado trabajando con turbinas de nave Tieforce One y estuve en un proyecto de minas vorg.
—Ya veo, gracias, ya le llamaremos — digo al ver con decepción su currículum.
—Pero si…
—Gracias — contesto categóricamente — ya le llamaremos.
El desconcertado candidato sale por la puerta un poco decepcionado y nada más salir, entra una enérgica chica de unos ventipocos años.
—Uff perdone el retraso señor Caljun — me dice.
—¿Quién es usted?
—Soy la candidata al puesto de ayudante — contesta como si fuera lo más obvio del mundo — Rousi More, hemos hablado esta mañana.
La miro confundido, Rousi More no encaja en el perfil que he estado viendo a lo largo de las entrevistas. Generalmente se han presentado chicos con traje y corbata, demasiado refinados y demasiado comunes, pero Rousi es diferente, tiene una camiseta de dibujos y una falda demasiado corta para ser apropiada, su estilo infantil recalca aún más su corta edad.
—Bien, señorita More, siéntese, ¿tiene su currículum a mano? — pregunto intentando parecer profesional.
Ella me da sus referencias y me sorprendo de la corta experiencia laboral que tiene, a pesar de ello, no deja de defender sus aptitudes para el puesto.
—Por lo que veo nunca ha trabajado en este sector…
—No, pero mi padre era mecánico y yo le solía ayudar en la tienda, sé mucho más de lo que parece.
Me fijo en su rostro despreocupado, sus pecas y su media sonrisa oculta tras una mirada sombría. Hay algo en sus ojos, algo que me recuerda a mi dolor, algo que me hace aceptar su candidatura y empezar a trabajar con ella.
Su forma de trabajar tan contraria a la mía, empieza a crispar cuando veo un montón de restos de comida alrededor de su mesa de trabajo.
—¿Qué es todo esto? — pregunto enfado.
—Perdona, ayer me tiré toda la noche trabajando en el software basándome en los datos que me has dado y puede que pidiera un poco de pizza para cenar.
—¿Y estas chuches?
—¿Qué es una pizza sin chuches? — contesta sorbiendo de su refresco carente de líquido.
—Arregla tu lugar de trabajo — le ordeno nervioso.
Me pongo a trabajar en mi lado del despacho e intento no mirar la pila de bolsas de patatas fritas y restos de café de la rebosante papelera. Por algún extraño motivo, Rousi, ajena a la suciedad deja de trabajar y me mira.
Deduzco por su expresión que quiere preguntarme algo, pero no sabe cómo hacerlo.
—¿Por qué lo hace? — me pregunta.
—¿El qué?
—Esto — dice señalando nuestro proyecto.
—Porque no puedo vivir sin ella. Lo entenderías si te hubieras enamorado alguna vez — contesto aún enfadado por la suciedad — pero claro, los jóvenes de hoy en día no sabéis lo que es el amor.
—Sí que me he enamorado, de hecho sé más del amor de lo que se imagina. Sé lo que se siente cuando ves a esa persona, cómo se te acelera el corazón y cómo esperas su sonrisa por la mañana aunque en el fondo sepas que no te la va a devolver, ya que su corazón pertenece a otra persona — unas lágrimas empiezan a aparecer en su rostro y mi sorpresa me hace prestarla toda mi atención — Intentas por todos los medios hacer feliz a esa persona, porque sabes que está pasando por un mal momento. Aguantas sus malas caras y su desprecio y lo justificas. Sí, sé lo que es el amor, señor Caljun, la pregunta es si lo sabe usted.
Tras sus palabras, coge su cartera y sale corriendo por la puerta. Sé que le he hecho daño y aunque corro tras ella gritando su nombre ella no me escucha, tan solo desaparece tras la esquina más próxima.
Dado que mi proyecto está próximo de finalizar, decido terminarlo solo. Conecto los cables y contemplo orgulloso mi obra. El cuerpo robótico de mi difunta mujer cobra vida, es un robot, pero para mí es mucho más. Ella me mira al despertarse y me sonríe tal y como recordaba.
—Eres tú — me dice.
—Sí, soy yo mi vida — digo con lágrimas en los ojos.
Su aspecto imita a la perfección el de mi mujer y sus recuerdos, sus pensamientos, son un conjunto de datos metidos en una pequeña placa base.
—Pero si estoy muerta, ¿cómo es posible que esté aquí? — pregunta preocupada.
—Yo te he revivido, te he devuelto a la vida mi amor.
—¿Por qué?
—Porque no puedo vivir sin ti
—Nuestras vidas no nos pertenecen, de las cosas buenas, de las cosas malas, de todas se aprenden. El destino nos conduce por los ríos del crecimiento y todos desembocan en el mar de la sabiduría. Debes dejarme marchar, debes volver a amar y sobretodo te debes perdonar.
La energía se apaga y sus ojos se ensombrecen, mi paralizado proyecto descubre una verdad. Mi amor por mi mujer se apaga igual que el robot que diseñé como ella y otro sentimiento que creía dormido aparece por otra persona. Estoy enamorado de Rousi More.






Si te ha gustado…

Lo que no te mata te hace más fuerte y aunque sientas que tu mundo se desmorona, solo tú puedes hacer que cambie. Esta historia romántica también se puede traspasar a cualquier plano de la vida. Nunca creas que no puedes vivir sin algo, siempre hay otras opciones que te pueden hacer cambiar de opinión, depender de algo o de alguien puede volverte loco si lo pierdes.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.formulaenlosnegocios.com.mx

domingo, 11 de junio de 2017

El Virus

Fui de los últimos en comprarme una casa inteligente, el principal motivo fue porque en mi trabajo, estoy acostumbrado a ver las consecuencias de vivir en una casa donde todo está conectado.
Cuando la domótica se puso de moda, las casas normales y corrientes fueron desapareciendo. Tener una casa donde presumir de encender las luces con una palmada, que se active la música cuando estás en la ducha o subir las persianas con solo darle a un botón, era el colmo de la modernidad.

Poco a poco, mis vecinos se fueron mudando hasta que solo quedé yo en el edificio. Me tocó vender, para remodelar la casa de manera inteligente, tal y como quería el dueño. La casa en la que vivo ahora ha perdido la personalidad que tenía la antigua. Sin embargo, he de admitir que entiendo por qué la gente adora la domótica. Resulta muy cómodo poder cambiar de canal sin tener que levantarte a coger el mando distancia.
Imagen sacada de: www.nubit.es
Aunque también tiene sus desventajas, el que la nevera me avise cada dos por tres que no tiene leche, no es muy cómodo y más cuando a lo mejor tengo leche en la despensa que no quiero meter aún en el frigorífico.
Por otra parte, no cabe duda que el mayor problema de la domótica lo estoy viendo en el trabajo:
—¿Qué ha pasado? — pregunto al llegar a la comisaría.
—Una mujer ha venido a pedir una orden de alejamiento contra su ex-novio — me contesta el agente Díaz.
—¿Por qué motivo?
—Al parecer su ex-novio hackeó su casa y la acosaba constantemente, llegando incluso a hacerla una foto en la ducha a través de la radio de música de su servicio y colgando dicha foto en internet.
—¿Otro domocrimen? — pregunto poniendo los ojos en blanco.
—Eso parece, señor
—Muy bien, encárgate tú, agente Díaz.
—Sí, señor.
Entro en mi despacho y no tengo tiempo de quitarme el abrigo, unos hombres uniformados me estaban esperando.
—Caballeros — digo para llamar su atención.
Los dos hombres perfectamente vestidos con uniforme militar me saludan nada más verme.
—¿Agente Roberto Salas? — me pregunta uno de ellos.
—El mismo — confirmo mi identidad.
—Tiene que acompañarnos, señor
—¿Mi país me necesita? — intento bromear.
—Algo así.
La sorpresa me nubla el rostro, ¿qué pueden querer de mí unos militares como ellos? Decido obedecerles sin hacer más preguntas y ellos me llevan hasta el cuartel General, donde me explican la situación.
—Soy el General García — se presenta el superior — le hemos escogido porque es el que más sabe sobre la problemática de la domótica en nuestro país. Necesitamos que nos ayude con un problema que tenemos entre manos.
—¿De qué se trata? — pregunto incrédulo.
—Como ya sabrá, los ataques informáticos entre países se incrementan cada año, esto es básicamente una forma de probarse los unos a los otros, para saber qué debilidades y fortalezas pueden tener nuestros enemigos.
—Eso es cierto.
—Bueno, pues tenemos la teoría de que ahora mismo uno de esos países intenta atentar contra el nuestro y lo hará a través de la domótica.
—¿La domótica, señor? ¿Cómo?
—Toda la domótica está unida a internet, si hay un fallo informático, algo como un virus, afectará no solo a nuestros ordenadores, sino también a todas nuestras casas, dejándonos incomunicados. ¿Se acuerda de aquel fallo de electricidad a nivel general en Madrid?
—¿El de hace un par de meses? Sí, claro, hubo incluso un pequeño baby bom aquella noche.
—Pues digamos que ese ataque no fue algo inusual, fue planeado.
Los teléfonos empiezan a sonar y la gente nerviosa se mueve de un lado a otro, como si algo les asustara. La sala de mando está llena de ordenadores y en ellos puede verse un mapa geográfico de nuestro país lleno de puntos rojos que se multiplican a cada minuto que pasa.
—¿Qué está pasando? — pregunto al General alertado.
Uno de los soldados de los ordenadores se acerca al General aún con los cascos puestos:
—General, está pasando — le informa
—¿Daños? — pregunta el General.
—Por ahora la mitad el país y aumentando.
—¡Señor! — grita otro soldado desde su escritorio — ¡Me informan que el ejército enemigo está a nuestras puertas! ¡Acaban de entrar al país!
—¿Quién? — pregunto incrédulo — ¿quién nos invade?
—La Unión Asiática — me informa el General.
Las luces se apagan justo en ese momento y los ordenadores se nublan. El virus informático nos ha alcanzado. Las puertas de las casas se cierran automáticamente e impiden a la mayoría de los ciudadanos huir. Los coches no arrancan, las tiendas están cerradas y todos aquellos objetos cuyo funcionamiento está unido a internet se para.
La Unión Asiática apenas obtiene resistencia, la invasión se hace total.









Si te ha gustado…

He escrito este relato pensando en el suceso que ha pasado hace unas semanas, en el que internet cayó por un ataque informático. Se me ha ocurrido pensar en qué pasaría si todo lo que nos rodea estuviera conectado a internet: las casas inteligentes, los coches…
Con un simple ataque informático todo podría terminarse y sería una buena forma para acabar con un país y someterlo de la manera menos indolora posible.
Esta historia es un relato de ciencia ficción, ¿verdad?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!
Imagen sacada de: jupersl.com