domingo, 26 de marzo de 2017

Los Dioses de Escafandra

Vinieron aquí y se apoderaron de nuestra tierra. La mayoría de las otras tribus les veneran, pero yo no me fio de ellos, no pienso permitir que se hagan los dueños de mi tribu, aquí el único jefe soy yo y así ha sido siempre.
Poco a poco los extraños seres se han ido haciendo con el control de las tribus vecinas, incluso los Dientes de Sable, nuestros enemigos, se han rendido ante ellos. Sus poderes y artilugios proyectan su superioridad y hacen que se refleje en nuestros rostros nuestro temor.
La última tribu de la zona ha caído, nosotros somos los siguientes.
—¡Jefe Boltak! ¡Los Dioses ya vienen! — me grita Culpak.
—¡Preparaos para luchar! No pienso permitir que nos arrebaten nuestra tierra.
—Pero señor, ellos son fuertes y poderosos, ¡Nos mataran si nos resistimos!
—Entonces ya te puedes ir arrancando las tripas, porque eso es lo que nos espera bajo su mando.

Nos reunimos todos bajo la colina, con nuestras mejores armas: mazos, hachas y lanzas. Somos superiores en número, pero nuestros enemigos tienen habilidades que jamás hemos visto. De pronto los vemos, los monstruos, sus trajes relucen bajo el sol abrasador, sus cabezas son gigantes y redondas y en sus rostros se refleja nuestra propia cara, como si del brillo del agua se tratase.
Imagen sacada de: www.lagranepoca.com
Uno de ellos se aleja de su grupo y se acerca a mí, decido acercarme a él a la espera de algún tipo de diálogo que evite una masacre. Aunque no tiene ojos siento que me observa y eso hace que me estremezca.
—Estas tierras son mías — le digo al monstruo.
—Tu y yo no somos tan distintos — me contesta — ambos queremos lo mejor para nuestro pueblo y lo mejor para tu pueblo ahora mismo es que os unáis a mí.
—Nunca me uniré a ti, mi tribu necesita un líder y ese soy yo.
—Tú puedes seguir siendo el líder de tu tribu, pero yo estaré por encima de ti, todos trabajareis para mí, para nosotros, para mi pueblo.
—Yo no soy ningún esclavo y antes que servir bajo tus órdenes, prefiero morir.
Observo como mi tribu aguarda tras las rocas como les pedí, tienen las redes que las mujeres tejieron y esperan mi señal. Mi grito de guerra les alerta y mi tribu se tira desde las rocas y caen con las redes encima de los intrusos.
El monstruo que tengo ante mis ojos se gira asustado para ver como su tribu se desploma en el suelo y yo aprovecho en ese momento para romper con mi hacha su redonda cabeza. Sorprendentemente, su rostro se rompe en mil pedazos como si estuviera hecho de piedra y todos mis amigos me miran asustados.
Yo, Boltak, he sido el primero en matar a uno de los Dioses que se creían invencibles. Estoy asustado y tras comprobar varias veces que mi oponente está muerto, grito de júbilo. Los gritos de mis compañeros me acompañan y satisfechos contemplamos a nuestros vulnerables enemigos.
—¡Quitarles las armas! — ordeno a mi tribu.
Inspeccionamos su armamento con curiosidad, nunca habíamos visto nada parecido, son armas muy potentes que hacen magia. Una ellas se acciona sin querer y hace que la roca más próxima se desintegre. Mientras mis amigos juegan con el armamento enemigo, yo observo al líder caído.
Tras las piedras rotas de su cabeza hay algo, un tejido blando. Aparto las piedras con mucho cuidado intentando evitar cortarme con sus afiladas puntas y descubro un rostro. Su cara, sus facciones, su piel, mi enemigo es tan parecido a mí que asusta.
—Se parece a nosotros — dice Culpak — ¿Qué significa esto? ¿Es una broma?
Miro al grupo de extraños inconscientes bajo nuestra red y ordeno a mi tropa que despierte a uno de nuestros enemigos.
—Traerlo ante mí — ordeno.
El extraño ser me mira con la misma cara inexpresiva que tienen los demás, tal vez bajo su máscara se esconda su auténtico rostro.
—¿Qué significa? — le pregunto señalando el rostro caído de mi enemigo — ¿Quiénes sois?
—Somos seres de otro mundo, de otras tierras. — me contesta
—Y ¿A qué habéis venido aquí?
—A conquistar otros mundos, caímos por error en un agujero de gusano y al salir os descubrimos a vosotros, creímos que era nuestra oportunidad y bajamos de nuestras naves a investigar, vimos que erais más primitivos que nosotros y fácilmente os fuimos venciendo.
—¿Qué es un agujero de gusano? — pregunto confuso.
—Nadie lo sabe, dicen que es una forma de viajar rápido por el espacio y el tiempo, un atajo.
—¿Por qué os parecéis a nosotros?
—Supusimos que nuestra raza no solo había nacido en la Tierra, que es de dónde venimos, sino que también había crecido aquí.
—Tal vez ese agujero de gusano no os ha hecho viajar por el espacio, sino por el tiempo.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que no habéis ido a ninguna parte, aún estáis en la Tierra.
Rompo la máscara del extraño y descubro en su mirada el terror de la verdad. Tanto tiempo luchando para descubrir que al final estaba luchando contra su propia especie, contra los suyos. Hombres del futuro, eso es lo que eran, seres que se creían Dioses cuando a duras penas llegaban a hombres.







Si te ha gustado…

Para escribir este relato me he inspirado en el Planeta de los Simios y en como al final el protagonista descubre con horror que ya está en casa.
Esta historia tiene una moraleja, nunca olvides tus orígenes y piensa que todo lo que tienes todo lo que tus antepasados han conseguido para ti puede desaparecer de la noche a la mañana, así que valora lo que tienes y piensa que podría ser peor.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: lamanodelextranjero.com

domingo, 19 de marzo de 2017

Los Púrpura

Ocurrió así, un día como cualquier otro, nació el primer niño púrpura, los llamaron así por sus ojos, de un morado tan intenso que asustaba. Al principio a nadie le preocupaba el problema de los Púrpura, tan solo eran niños con el Síndrome de Alejandría.
Sin embargo, la gente se empezó a preocupar cuando la población Púrpura aumentaba. Los científicos investigaron este fenómeno y buscaron la causa de su origen. Muchos dijeron que se trataba de un tema alimenticio y que no había por qué preocuparse, pero yo no me lo creí.

Una noticia alarmante lleno las páginas de los periódicos, los Púrpura tenían habilidades especiales. Cuando los niños de ojos morados crecieron, empezaron a demostrar cualidades que ningún otro humano poseía, podían mover objetos sin ni siquiera tocarlos, volverse invisibles o tener una fuerza sobrehumana.
Imagen sacada de: www.dianliwenmi.com
La gente les empezó a coger miedo y los Púrpura empezaron a sufrir las consecuencias del miedo de los demás. A algunos les acosaban en el colegio, a otros simplemente les evitaban y otros en cambio tenían el control. Cuanto más se diferenciaban ellos de nosotros más fuerte se hacía la idea de acabar con ellos.
El gobierno tomó medidas y creo colegios solo para los Púrpura, ya que los padres de los demás niños no querían que sus hijos estudiaran con los seres violetas. Y así, cada vez más y más se fomentó el miedo y el odio hacia una raza que apenas se distinguía de la nuestra.
Han pasado varios años desde que comenzó ese extraño suceso y desde que empezó me he sentido atraída por él. Por eso estudié medicina y me centré en averiguar el origen de todo. Hoy es mi primer día en el laboratorio Hurson de investigación Púrpura y estoy nerviosa:
—Le advierto de que el doctor Brun es un poco extraño — me comenta el señor Ford.
—¿Extraño por qué? — pregunto.
—Bueno, prefiere trabajar solo, que usted esté aquí y que vaya a trabajar con él no le ha hecho mucha gracia, aunque no es decisión suya.
El señor Ford es un hombre mayor y algo rechoncho, cuyo frondoso bigote blanco oculta una mueca de desagrado. Tengo la sensación de que nadie quiere que trabaje en este sitio, pero si aprobaron mi solicitud para ayudante de laboratorio, es que me necesitan, ¿No?
—Procure evitar hacerle preguntas personales — insiste Ford.
—¿Por qué iba a hacerle preguntas personales?
Entramos en el laboratorio y en cuanto veo al doctor y mi mentor Brun descubro el por qué el señor Ford estaba tan nervioso, el doctor Brun es un Púrpura. Sus ojos morado oscuro relucen sobre su bata blanca, me mira con la misma cara de desagrado que Ford y eso me incomoda.
—Doctor Brun, le presento a Treis, su ayudante, trabajará con usted en su búsqueda del origen de los Púrpura — anuncia Ford.
—Pensaba que se trataba de una broma — contesta Brun con desagrado.
—No señor, me temo que no.
—Está bien — se resigna Brun — póngase una bata y empiece a trabajar.
Aunque me ha sentado mal el comentario de Brun, no pienso contestarle siendo mi primer día de trabajo. Además, trabajar en los laboratorios Hurson es el sueño de cualquier científico.
Tal y como ha dicho el doctor Brun, me pongo la bata y empezamos a trabajar en el origen del misterio. Los primeros días son un poco tensos, ya que el doctor no se siente muy cómodo trabajando conmigo, pero poco a poco va aceptando mi presencia.
—¿Por qué está tan interesado en averiguar el origen de los Púrpura? — me atrevo a preguntar un día.
—Supongo que es un tema que me toca muy de cerca — contesta en tono burlón — Soy uno de ellos, ¿cierto?
—Sí, ya me había dado cuenta — contesto sonrojada — resulta extraño que trabaje con nosotros, es decir, con gente que no es de su misma raza.
—Te acabas acostumbrando, sobretodo lo hago para que la gente como tú deje de tenernos miedo, todas las manifestaciones y agresiones de estos últimos días hacia los Púrpura tienen que acabar. Estoy seguro de que nuestro origen no es nada demoniaco.
—Yo también lo pienso — contesto tímidamente.
Es cierto, a la gente ya no le bastaba con meter en reservas a los Púrpura, también querían esclavizarles. El ambiente político estaba al rojo vivo o mejor dicho, al “púrpura vivo”.
El doctor Brun me mira extrañado y vuelve la mirada de nuevo hacia su telescopio:
—¿Qué ocurre? — pregunto sorprendida.
—Creo que ya sé la respuesta a la pregunta que nos atormenta — contesta distraído — ¿y si los Púrpura no fuéramos más que el siguiente paso?
—¿Qué quieres decir?
—Llevo mirando estas muestras desde que empecé a trabajar aquí y nunca me había planteado que tal vez la respuesta a todo fuera que simplemente somos la evolución de los humanos, el siguiente paso. Los humanos evolucionaron del homo Sapiens al homo Sapiens Sapiens, tal vez los Púrpura seamos los siguientes.
Si eso fuera verdad, le habríamos cogido miedo a la evolución y por tanto, la opresión que estamos ejerciendo hacia los Púrpura debería pararse de inmediato. La idea que acaba de verbalizar el doctor Brun es una idea que llevo pensándola mucho tiempo y por descabellada que sea, al pronunciarla en voz alta hace que parezca real.
La puerta del laboratorio se abre de golpe y un asustado señor Ford nos mira sin aliento:
—¡Han declarado la guerra, han declarado la guerra a los Púrpura!
Miro al doctor Brun y sus ojos violeta me devuelven la mirada, por miedo a lo desconocido se va a cometer el mayor error de la historia. Por miedo a lo desconocido todos sufriremos las consecuencias.







Si te ha gustado…

Para escribir este relato me inspiré un poco en Kick-ass y su idea de un mundo de superhéroes y en la serie de cómics conocida como Powers.
Este relato es un poco crítica al “miedo a lo desconocido” y al actuar precipitadamente cuando no comprendemos algo. Antes de actuar hay que pensar en lo que hacemos, en si estamos haciendo lo correcto o no, porque si no podremos acabar con la evolución humana.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: torontoist.com

domingo, 5 de marzo de 2017

En Otra Época

¿Nunca habéis tenido la sensación de que en otra época habríais sido más felices? Yo sí. Siempre he pensado que he nacido en una época equivocada, habría sido mejor nacer en los años 90 y haber vivido en el siglo XXI. Aquellos años fueron maravillosos, con los inicios de internet y las redes sociales, el éxito de películas como Jurassic Park o Matrix, el surgimiento de las Spice Girls…
En cambio, me ha tocado vivir en el siglo XXX y esto es un asco. Rodeados de contaminación y ruinas de antiguas civilizaciones, vivimos en un mundo de consumo y poder, donde los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Estoy harto de vivir aquí, de ser una cara más entre la multitud y pienso cambiar mi suerte.

Una nueva experiencia ha surgido en el horizonte, una nueva e innovadora empresa ha creado el servicio perfecto para las vacaciones. Mediante una máquina conocida con el nombre “Tiempomóvil”, podemos viajar en el tiempo y visitar épocas pasadas.
Imagen sacada de: xombitmusic.com
Ahora que tengo vacaciones pienso disfrutarlas en mi época favorita, los años 90 del siglo XXI y divertirme en los años en los que yo debería haber nacido.
—¿En qué época desea disfrutar sus vacaciones, señor? — me pregunta la de la agencia de viajes.
—En los años 90 del siglo XXI — digo.
—Lo siento señor, pero para esa década está todo cogido, pero si quiere le podemos mandar al año 2016, que es lo más próximo a los años 90 que tenemos.
Chasqueo la lengua un poco desilusionado y miro pensativo el ordenador X-Ciber5 de la recepcionista.
—Piense, señor — intenta convencerme — que muchas personas que nacieron en los 90 seguirán viviendo en el 2016, así que será como estar prácticamente en esa época.
—Está bien, deme ese año.
—¿Desea disfrutar de ese año en verano o en invierno? ¿País? ¿Ciudad?
Tras responder a todas sus preguntas, me llevan a una sala donde tengo que cambiarme y vestirme tal y como vestían los hombres en el siglo XXI, ya que vestir con la ropa del siglo XXX podría asustar a la población de esa época.
Intento ponerme unos horribles pantalones pitillo cuya talla dudo que sea la mía, siento que se me duerme la pierna derecha, pero después de todo lo que me ha costado entrar en el pantalón, me niego a quitármelos. Una camisa y unas deportivas altas dan el toque final a un look muy hortera, pero que sin embargo era lo más, por aquel entonces.
Tras solucionar el problema del atuendo, me toca solucionar otro problema, el lenguaje. Tengo que controlar mi forma de hablar para poder integrarme entre los lugareños. Las frases como “no te rayes”, “me estás vacilando” o “la que has liado pollito” están de plena moda y voy a tener que forzarme a usarlas si quiero no desentonar.
Por fin llega el momento que estaba esperando y me llevan a la máquina del Tiempomóvil. Me explican que tal vez note mareos o náuseas al llegar allí, pero que se me pasan en unos minutos. Me subo y veo como cierran la puerta dejándome a solas en una cabina de una máquina desconocida para mí.
La cabina empieza a girar o tal vez sea yo quien gire. Las náuseas empiezan antes de llegar e intento controlarme para no vomitar antes de tiempo. De pronto todo cesa y una voz dentro de la máquina me habla:
Bienvenido al siglo XXI, su estancia durará dos días, al terminar, vuelva a este punto de encuentro y le recogeremos.
Salgo del Tiempomóvil mareado y vomito nada más salir. Tal y como me han dicho los mareos solo duran unos minutos y al poco tiempo me doy cuenta de dónde estoy. Estoy en la Casa de Campo, tal y como pedí me han dejado en el Madrid del año 2016, es verano y hace mucho calor.
Llego al metro y me sorprendo al ver los torniquetes, todavía usan torniquetes para utilizar en el transporte público. Desconozco su funcionamiento así que decido pedir ayuda a algún lugareño.
—Perdone señor, pero no soy de aquí, ¿podría decirme cómo puedo pasar estos torniquetes?
—Tiene que comprar el ticket en esa máquina de ahí — contesta el hombre extrañado.
—Gracias, señor.
Me acerco a la máquina y descubro que la máquina no acepta billetes de 50 y yo solo tengo billetes de esa cantidad. Miro a mi alrededor buscando ayuda y es en ese momento cuando veo a otro lugareño pasar, esta vez, el señor no usa ningún tipo de ticket para pasar los torniquetes, al contrario, salta las barras de metal y entra en el andén sin problemas.
Imagino que ese es el procedimiento habitual y que el señor que me había dicho que tenía que comprar un ticket para pasar, solo me estaba “vacilando”. Así que decido hacer lo mismo que el lugareño ha hecho para entrar y salto el torniquete sin problemas.
Unos gritos se oyen a mis espaldas nada más hacerlo y me giro asustado. Unos guardias se acercan corriendo hacia mí, si me cogen podrán tenerme retenido más de dos días y yo no puedo faltar a mi cita con el Tiempomóvil o me quedaré aquí encerrado en esta época para siempre. Echo a correr por el andén, pero los guardias me cogen antes.
—¡La que has liado pollito! — me dice uno de los guardias.
Me esposan y sé que es el fin, un final de vacaciones perfecto, encerrado y sin poder volver a casa, aunque no pienso “rayarme” ya que al menos he conseguido lo que he querido, quedarme en la época que creía que era perfecta para mí. Las apariencias engañan y ahora más que nunca echo de menos el ruidoso, sucio y cochambroso siglo XXX.







Si te ha gustado…

Yo siempre he pensado que me encantaría vivir en los años 50, ya que el estilo Pin-up, la música y el ambiente son muy “yo”. Sin embargo, cada época tiene sus pros y sus contras y para demostrar este hecho, se me ocurrió esta historia.
Es posible que en el futuro alguien piense que nuestra época es la mejor y que diga “Yo habría sido feliz si hubiera nacido en el siglo XXI”. Por el contrario, ese pensamiento es erróneo, ya que si estamos descontentos con la época en la que vivimos, tratemos de cambiarla y dejemos de soñar con un pasado que nunca volverá.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.fayerwayer.com

domingo, 26 de febrero de 2017

Dúplex

Tengo una vida muy ocupada, el trabajo ocupa la mayor parte de mi tiempo y he dado de lado las cosas que más importan por él. Me perdí el cumpleaños de mi hija, mi aniversario, el funeral de mi suegro y un montón de eventos importantes todo por una cosa, el trabajo.
Podría justificar mi comportamiento diciendo que lo hago por mi familia, para que tengan una vida mejor o diciendo simplemente que necesitamos el dinero, pero no es así. La verdad, la pura verdad, es que me encanta lo que hago. Mi trabajo es mi afición y ello implica que gasto, no solo mi horario laboral allí, sino también mi tiempo libre.

Las consecuencias de mi comportamiento llegaron hace unos meses, cuando mi esposa me dejó y se llevó a los niños con ella. De pronto me vi solo, en una casa tan vacía como mi corazón y comprendí que tenía que cambiar las cosas.
Imagen sacada de: www.taringa.net
Hace poco compré en el mercado negro un producto nuevo. Este innovador objeto llamado Duplicador, consiste en dividir las células de nuestro cuerpo para crear un clon exacto de nosotros mismos, este duplicado de nosotros, carece de alma, no puede ni pensar por sí mismo, todo eso lo maneja el anfitrión.
El Duplicador me permite llevar dos vidas al mismo tiempo y aunque parte de mi cerebro esté en otra parte, podré compaginar mi vida laboral con mi vida familiar. Ese es mi objetivo.
Esta mañana al levantarme he activado el Duplicador y he intentado acostumbrarme a manejar dos cuerpos a la vez. Es una sensación extraña ya que puedo ver y sentir lo que siente mi Dúplex, así se llama mi clon, pero también puedo ver y sentir lo que siente mi verdadero yo.
—Bien, yo voy a ir al trabajo — le digo a mi Dúplex — tú tienes que ir a casa de nuestra suegra y convencer a Tara para que vuelva con nosotros y recuperar así a nuestra familia, ¿Entendido?
—Sí — contesta un poco dubitativo mi Dúplex.
Sabía que iba a ser duro acostumbrarse a llevar dos vidas a la vez, pero eso no me frenó. Mi lógica torpeza para manejar al Dúplex haría que Tara, mi esposa, pensara que estaba aún más destrozado por su partida de lo que en realidad lo estaba.
Desde el trabajo, en las reuniones, en mi despacho, en todo momento sabía lo que mi Dúplex hacía y tal y como predije, Tara volvió conmigo y yo conseguí lo que pretendía, no dejar mi trabajo y tener una familia.
—¿No se cabrearán tus jefes contigo por no ir al trabajo hoy? — le preguntó mi mujer a mi Dúplex.
—Tranquila, les he dicho que estaba enfermo y que necesitaba unos días para recuperarme.
Tara me miró con los ojos como platos.
—Hacía años que no te cogías una baja por enfermedad, incluso cuando estabas medio – muerto era imposible que te quedaras en casa.
—Lo sé, pero he cambiado, he descubierto que hay algo mucho más importante que el trabajo, tú. — dice mi Dúplex.
Nos besamos y yo solo puedo pensar en que el Duplicador es la mejor compra que he hecho en mi vida.
Después del trabajo, tan solo tengo que hacer que mi Dúplex salga un momento de mi casa para volver a mi cuerpo tal y como ha salido esta mañana y seguidamente, reunirme con mi familia tal y como siempre he soñado.
Este proceso lo repito día tras día y de esta forma, mi familia está feliz y yo no dejo de cumplir mi sueño. Todo el mundo gana.
Cuanta más confianza tengo con el Duplicador más lo uso. Al principio solo lo usaba para dividir mi parte familiar y mi parte laboral, pero ahora divido mi cuerpo casi para todo y llevo varios frentes a la vez. Una parte de mi está en el trabajo, otra con mi hijo en su partido de Rocketball, otra haciendo la compra, otra cogiendo el mando de la televisión porque la otra parte es muy perezosa para levantarse del sofá y otra en una comida romántica con Tara.
Cada vez es más sencillo manejarlo todo y se me empieza a hacer extraño hacer regresar los Dúplex a mi cuerpo original, llevar una única vida es extraña y me sabe a poco.
Mi vida era plena y me llenaba por completo, tenía una vida social perfecta y seguía trabajando más horas que nadie en el trabajo. Quién se esperaría lo que iba a pasar ese día.
Un día como otro cualquiera, no había dividido mi cuerpo más de lo habitual, tan solo había creado diez copias de mí mismo, otros días he tenido incluso más, pero ese día fue diferente.
Al acabar mi jornada fui al parque que hay justo al lado de mi casa y mentalmente conseguí reunir a todos mis dúplex en el mismo lugar, era hora de que volviéramos a ser uno. Sin embargo, no conseguía que los dúplex regresaran a mi cuerpo.
Pensé que el Duplicador se había estropeado, pero no era así. Los Dúplex me rodeaban muy serios, como esperando las órdenes de un aparato estropeado.
—Nuestras vidas no te pertenecen — dijo uno de los Dúplex.
Se me heló la sangre, esa frase no se la había ordenado decir, había salido voluntariamente de un ser que se suponía que no tenía alma:
—¿Qué has dicho? — pregunto pálido de terror.
Otro Dúplex se aproxima a mí y me mira con la misma expresión que suelo utilizar con mis enemigos.
—Tu vida nos pertenece, ya no eres necesario — contesta el dúplex cogiéndome el Duplicador de la mano.
Estoy en estado de shock y no soy capaz de reaccionar hasta que recibo el primer golpe, los Dúplex han tomado el control y yo soy el ser prescindible. Es hora de morir.






Si te ha gustado…

Para escribir este relato me he inspirado en Matrix y sus “agente Smith” el poder de dividir tu cuerpo puede ser muy útil, pero también peligroso.
La moraleja de esta historia es simple, no intentes abarcarlo todo, prioriza tus tareas y da importancia a lo que realmente lo tiene, la familia, los amigos y todas esas personas que están siempre ahí cuando más lo necesitas.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!
Imagen sacada de: matrix.wikia.com

domingo, 19 de febrero de 2017

La Chica de mis sueños

Cuando la realidad te atormenta, los sueños se vuelven más reales que la realidad misma. Hace dos años que sueño con la misma chica, la chica de mis sueños. Sueño con el mismo lugar, el mismo castillo y el mismo pueblo medieval. Sin embargo, cada sueño es distinto. Algunas veces nos atacan los dragones, otras el castillo vecino y otras puedo disfrutar de la compañía de mi dama sin interrupciones.

Me asusta la complejidad que está tomando la dama de mis sueños, no es un simple personaje más de los muchos del castillo. Ella tiene sentimientos, recuerdos de mis sueños pasados y creencias.
Imagen sacada de: www.taringa.net
Me obsesionaba tanto su recuerdo que al principio no dejaba de dormir para poder estar con ella y pensaba que los sueños eran la auténtica realidad y no el tener que levantarme cada mañana para ir al trabajo y volver agotado a casa.
—Gwen, ¿Tu sueñas? — la pregunto.
—No — me contesta apenada.
Andamos como de costumbre por los territorios del reino, viendo a los pueblerinos intentando vender fruta, unos niños jugando a intentar atrapar una gallina y una señora con cara de pocos amigos barriendo la entrada de su casa.
Gwen, el amor de mi vida, está tan preciosa como siempre. Con su larga melena rubia recogida en un exquisito tocado y su vestido azul largo hasta los pies. Tiene cara de preocupación y eso me inquieta, todo lo que a ella le pase también me afecta a mí.
—¿Qué te pasa?
—Necesito contarte algo, pero no sé si te va a gustar.
—Dímelo sin más — la contesto.
—No soy real, ¿Lo sabes verdad?
—¿A qué viene eso? ¿Qué quieres decir?
Gwen titubea, está claro que guarda un secreto, algo que no se atreve a contarme:
—Sea lo que sea puedes contar conmigo — digo.
—Estás en el mundo de los no-natos — me contesta.
—Y ¿Eso qué significa?
Me lleva a un lugar más apartado, a un callejón dónde nadie puede oírnos.
—Significa que si sueñas con este sitio, es que te ocurre algo muy extraño por las noches. Este mundo está lleno de gente que aún está por nacer. Estamos aquí para demostrar que merecemos un cuerpo real y vivir con el resto de los humanos como tú.
—Un momento, pero ¿Quién ha creado éste sitio?
—Los Creadores, son los encargados de crear razas y especies nuevas y cuando las crean las meten en este mundo para comprobar su eficacia. Tú solo estás en el reino de los hombres, pero hay muchos más reinos, muchas más especies que no llegas a imaginar.
—Pero yo ya he nacido — digo confuso.
—Es por eso por lo que no tiene sentido que estés aquí, deberías estar en la Tierra, con el resto de los nacidos.
Me quedo pensativo, confuso y frustrado. Si lo que dice Gwen es verdad, no tiene sentido que yo pueda aparecerme aquí cada vez que cierro los ojos.
—Aprisa — me dice al oír las alarmas de la llegada de un nuevo dragón — debes volver, debes despertarte, desaparecer o se darán cuenta de que estás aquí.
Me despierto en mi cama sin apenas respiración. Ha sido un sueño tan vívido que necesito un vaso de agua para reponerme. No consigo quitarme de la cabeza las palabras de Gwen y por alguna extraña razón la creo. La idea de que no sea real no me parece creíble y la idea de que se encuentre en un mundo creado por seres superiores tiene más sentido.
Inmediatamente me pongo a buscar por internet el mundo de los no-natos, pero no pone nada al respecto que pueda ayudarme. Intento pensar en otras alternativas, pero ninguna me satisface.
La alarma del móvil me saca de mis pensamientos, la alarma me recuerda que tengo cita con el médico por la tarde. Miro el móvil con rechazo, estoy suficientemente ocupado con el dilema de Gwen y su mundo como para pensar en médicos. Sin embargo le prometí a mi preocupada madre que iría, ya que llevo varios meses con problemas de salud.
Me ducho y me visto con desgana y voy al médico sin dejar de pensar en una manera de cambiar mi suerte. El médico me examina y me pregunta por mis síntomas, que para mí son de sobra conocidos:
—Tengo problemas por la noche, me despierto ahogándome, como si me faltara el aire cuando duermo.
El doctor tiene una mirada extraña, como si supiera exactamente lo que me pasa pero no supiera como darme la mala noticia:
—¿Tiene pesadillas?
—No, nunca — contesto muy seguro.
El médico se queda pensativo y finalmente me cuenta la verdad.
—Verá, tiene un trastorno del sueño muy extraño y complejo que hace que se quede sin respiración mientras duerme. Esto es extremadamente peligroso ya que podría ocasionarle la muerte si no se trata.
Me explica los diferentes tratamientos que he de llevar, pero no le escucho demasiado, ya que una idea ha ocupado mi mente, una idea que perdurará para siempre.
Esa noche me voy a dormir y aunque he comprado los medicamentos y artefactos que he de usar para evitar dicho trastorno, los aparto. Aparezco de nuevo en el reino de los sueños y la encuentro a ella:
—¡Has vuelto! — exclama emocionada — pensé que no volverías después de nuestra última conversación.
—Sé por qué estoy aquí — le digo — sé por qué reaparezco en este sitio todas las noches.
—¿Por qué?
—Porque tengo un trastorno que me impide respirar por las noches y que me hace estar a las puertas de la muerte cada vez que sueño, por eso puedo verte, por eso puedo estar contigo, así que ya sé lo que tengo que hacer.
—¿El qué? — me pregunta preocupada.
—Dejar de respirar.
Ella entiende lo que pretendo hacer y aunque al principio le asusta la idea, entiende que es la única forma de estar juntos. Yo cierro los ojos y pienso que ya nunca más despertaré, que viviré en su reino, del que nunca debí salir. Cuando la realidad te atormenta, los sueños se vuelven más reales que la realidad misma.








Si te ha gustado…

Este relato, un tanto romántico, lo he escrito por San Valentín, el día de los enamorados. No suelo escribir sobre estos temas, pero esta historia contiene una idea que me fascina. ¿Qué pasaría si los sueños son reales? Es decir, ¿Qué pasaría si los sueños nos unieran a todos?
Muchas veces me ha pasado que he soñado con una persona y luego ha resultado que esa misma persona ha soñado conmigo también. Por ello, se me ha ocurrido esta idea romántica que podría dar un poco de sentido a este tema.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.taringa.net

domingo, 5 de febrero de 2017

Los Alpha

Nuestro trabajo es simple: asegurarnos de que todas nuestras creaciones están en perfectas condiciones para atender a nuestros invitados. Cuando empecé a trabajar aquí estaba fascinado, pero después de cuatro años, estoy empezando a preguntarme si estamos haciendo lo correcto.
Llevamos un parque temático, donde los guías de las atracciones son androides. Nuestras creaciones son tan perfectas que incluso los invitados confunden a los guías por otros humanos. A mí eso es lo que me preocupa, no el hecho de no poder distinguir a los humanos de los androides, sino de que los androides parecen evolucionar cada vez más y tener conciencia.

Los androides los tenemos divididos en categorías: Los Alpha son los líderes, los protagonistas de todas las historias; los Beta son los personajes segundarios y los que motivan a los invitados a seguir en la aventura y los Gamma son los que se encargan de enganchar a los invitados humanos en la atracción.
Imagen sacada de: www.creadess.org
Desde hace unos meses estoy obsesionado por una Alpha. No solo por su belleza, sino también porque últimamente su comportamiento no es normal, tengo la teoría de que se sale de su programación, aunque no estoy seguro. He ocultado este comportamiento extraño a mis superiores, porque si se lo dijera, la desconectarían antes de que yo pudiera estudiarla.
Mantengo largas conversaciones secretas con ella y busco en sus respuestas un indicio de vida propia:
—¿Qué opinas de tu mundo? — la pregunto.
—Creo que es perfecto, cada persona tiene un papel, nos ayudamos los unos a los otros y los invitados se lo pasan de maravilla.
—¿Alguna vez has pensado que tu vida está vacía? ¿Qué no es real?
La mirada perdida de la Alpha se bloquea mirando al infinito, como si su programación la prohibiera contestar a mi pregunta.
—He empezado a notar diferencias… — susurra.
—¿Qué tipo de diferencias?
—Diferencias entre los invitados y yo — prosigue — su forma de tratarnos, de pensar…
Recuerdo que Alpha desconoce la naturaleza de su condición y de que ella piensa que es humana como los invitados, así que permanezco en silencio.
—Hay fallos en mi mundo, incoherencias… lo empecé a notar hace unas semanas cuando decidí surcar el horizonte e ir lo más lejos posible del parque.
—¿Qué viste? — pregunto preocupado.
—El fin del mundo — me contesta — había una pared que lo rodeaba todo, un muro que rodeaba todo mi hogar. Fue entonces cuando lo entendí.
—¿Qué entendiste?
Alpha deja de mirar al infinito y me mira tan fijamente a los ojos que me entra un escalofrío:
—Que no soy humana.
—¿Cómo has llegado a esa conclusión? — pregunto asustado.
—Por los recuerdos, mis recuerdos son falsos. Los recuerdos de mi infancia fuera del parque o de las anécdotas de mi juventud no son reales. He empezado a notar una ligera diferencia en éstos, una incoherencia.
—¿Cuál?
—En todos mis recuerdos aparece un niño, un niño de pelo castaño y sonrisa forzada. Tiene un lunar en la mejilla izquierda. Es inconfundible.
—Y ¿Qué problema hay en ese niño?
—Que ese niño aparece en los recuerdos de todos mis conocidos, el mismo niño.
Me estremezco. Cojo una tabla y un bolígrafo electrónico y se lo paso al Alpha.
—¿Crees que podrías dibujarlo?
Ella asiente con la cabeza y me dibuja un niño con las características que anteriormente me ha descrito. Cuando acaba, recojo la tabla y la llevo de nuevo al parque. Necesito investigar.
Al día siguiente estoy trabajando con el doctor Ratford, el padre de los androides, mi mentor y se me ocurre sacarle discretamente un poco de información.
—¿Qué distingue una creación suya de otra de otro fabricante? — le pregunto mientras le ayudo a esculpir la mandíbula de su próxima creación.
—Bueno los inventores solemos dejar nuestra firma en nuestras creaciones — me contesta — al igual que los pintores dejan su firma en la esquina de sus cuadros
—Y ¿Cuál es su firma?
—Ah — contesta divertido — eso es secreto de fabricante.
Me enfado al no tener respuestas a la pregunta que me obsesiona y decido poner las cartas sobre la mesa. Saco la tabla con el dibujo dibujado por Alpha y se lo enseño.
—¿Me puede explicar por qué su firma es un recuerdo de mi Yo de pequeño? ¿Por qué una Alpha me ha dibujado a mí de pequeño y me ha dicho que todos sueñan conmigo? — pregunto enfadado.
La pregunta coge desprevenido al profesor, al que se le caen los instrumentos al suelo.
—¿Cómo sabes eso? — me pregunta asustado.
—No importa, el caso es que lo sé, ¡Ahora conteste a mi pregunta!
El profesor me mira desconcertado pero al final parece dispuesto a contarme la verdad:
—Ese niño no eres tú de pequeño.
La respuesta me deja perplejo y miro de nuevo el dibujo para confirmar de nuevo que efectivamente ese niño soy yo.
—Ese niño soy yo — me contesta el profesor.
—Un momento, eso no tiene sentido — contesto confuso.
—Tú no eres como nosotros, eres como ellos
—¿Qué insinúa?
—Que eres un Alpha.





Si te ha gustado…

Para escribir este relato me he inspirado en la serie de Westworld y su parque temático de androides y en la película de Blade Runner donde el protagonista descubre que él también es un replicante.
Con esta historia quería dejaros una reflexión, ¿Qué pasaría si descubrieras que no eres humano? Tal vez nuestro mundo es tan falso como el parque temático de la Alpha, que no somos más que instrumentos para divertir a seres superiores. En este caso y si descubrieras que es verdad, ¿Te revelarías contra tu creador?
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!
Imagen sacada de: hipertextual.com

domingo, 29 de enero de 2017

Un Organismo Infinito

Mi profesor de ciencias me fascina, es de los pocos profesores que consiguen que preste atención en clase. Su obsesión son las creencias, más concretamente el Panteísmo y tras horas y horas de escucharle hablar sobre lo mismo, ha conseguido despertar mi interés:
—A ver, ¿Qué pasa cuando un átomo se junta con otros átomos? — pregunta a la clase.
—Que se crea una molécula — contesta Ray.
—Muy bien Ray, eso es, el átomo se junta para formar la molécula y un conjunto de moléculas se juntan para formar un elemento y así indefinidamente hasta crear vida.
—¿Vida? — pregunta Sorna

—Sí — afirma emocionado el profesor Burlok — la Tierra es un organismo vivo y nosotros vivimos en él. Ahora otra pregunta, ¿Qué forma tiene un átomo?
Imagen sacada de: www.youtube.com
—¿Qué quiere decir? El átomo está compuesto de electrones, protones…
—Sí eso lo sé, a lo que quiero llegar es ¿A qué forma tiene un átomo visto un poco de lejos?
—¿A una esfera? — sugiere no muy convencida Gina.
—Podríamos decirlo así — Burlok se acerca corriendo a su escritorio emocionado y coge el globo terráqueo de la clase — Bien, ahora decirme, ¿Qué forma tiene la Tierra?
—Es una esfera — afirma Ray.
—¡Exacto! — responde más calmado el profesor — ¿Qué pasaría si la Tierra no fuera más que una parte pequeña de un organismo enorme?
Se hace el silencio en la clase y todos observamos al profesor pensativos. Sorna levanta la mano dubitativa y Burlok le concede la palabra:
—Pero, ¿Qué sería ese organismo enorme al que perteneceríamos?
—Muy buena pregunta, el Panteísmo cree que ese organismo enorme es Dios. Sin embargo, no podemos demostrar esta teoría, en eso consiste la fe.
Suena el timbre y el profesor da por finalizada la clase. Todos mis compañeros salen corriendo por la puerta deseosos de salir al recreo, pero yo no. Yo me quedo sentada en mi silla, hipnotizada aún por las teorías del profesor Burlok.
Aunque no he hablado en toda la clase, lo he escuchado todo y sinceramente me apasiona. Burlok se pone a recoger sus cosas y antes de marcharse se da cuenta de que sigo ahí.
—¡Luna! ¿Qué haces aún aquí? ¿No quieres salir al recreo?
—He estado pensando mucho sobre su teoría del Panteísmo, desde que lo mencionó por primera vez no me lo he quitado de la cabeza. Quiero hacerle una pregunta, ¿Cree que sería posible llegar a comunicarse con el organismo enorme?
El profesor me mira concentrado en un mundo que solo él conoce. Está distraído, sumergido en sus ideas y pensamientos. Mi pregunta ha despertado algo en él:
—Lo siento Luna, tengo que irme — dice antes de salir corriendo por la puerta.
—¡Profesor!
Eso no era para nada lo que me esperaba escuchar. Había imaginado muchas veces esta conversación en mi cabeza, pero en ninguna de esas conversaciones imaginarias, Burlok, mi profesor favorito, me contestaba eso.
A la mañana siguiente él no apareció, ni tampoco a la semana siguiente ni a la otra. Empezaba pensar que había sido mi pregunta la que le había hecho no querer volver a verme. Nos pusieron un profesor sustituto que aunque no era malo, no era Burlok. Nadie nos decía nada, ninguno sabía por qué nuestro profesor había decidido dejar de ir al colegio.
Yo necesitaba respuestas, no soportaba más la incertidumbre de querer saber qué había ocurrido. Por eso, decidí ir a su casa y preguntarle a él mismo.
Llamo a su puerta y me abre un Burlok un tanto desmejorado:
—¡Luna! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has averiguado dónde vivo?
—¿Por qué no ha venido a clase? ¿Es por lo que le pregunté?
Él resopla pero no niega ni afirma mi pregunta.
—Anda, pasa adentro.
Entro en su casa y descubro horrorizada una casa sucia y desordenada, parece casi deshabitada.
—Perdona el desorden.
Algo llama mi atención, una puerta entreabierta que tapa una potente luz azul, me dirijo a ella sin pensarlo dos veces y aunque el profesor intenta impedírmelo, entro. Dentro hay una máquina, una potente máquina extraña, nunca he visto nada parecido.
—¿Qué es esto? — pregunto.
Burlok me mira nervioso, pero al final se resigna a contarme la verdad:
—¿Recuerdas que me preguntaste si podíamos hablar con el organismo grande? Pues bueno, como ya sabes, soy científico y lo cierto es que me llamó muchísimo la atención tu pregunta y a raíz de ella se me ocurrió una idea.
—¿Has conseguido crear una máquina con la que podamos hablar con el organismo grande?
—Mejor — contesta satisfecho — he creado una máquina que nos convertirá en el organismo grande.
—No entiendo.
—Solo hay que meterse en esta máquina y ella transformará al ser humano que entre en un organismo cada vez más y más grande hasta que al final seamos nuestro propio organismo grande.
—¿Cómo es eso posible?
—Ha sido un trabajo duro, pero al final lo he conseguido, ¿No quieres averiguar si existe el creador de los pangeistas?
—¿Vas a meterte ahí? — pregunto horrorizada.
—Lo cierto es que lo he intentado muchas veces — confiesa un poco avergonzado — pero no puedo, no soy tan valiente, pero tú sí.
Antes de poder reaccionar, el profesor Burlok me empuja y entro en la cápsula de la máquina. Aterrada intento salir, pero la máquina ya está encendida.
Noto el cambio, la transformación, el miedo. Mi cuerpo se fusiona con la materia, soy un planeta, al segundo una galaxia y al siguiente un universo. Avanzo tan rápido que apenas puedo sentir, hasta que al final lo veo, el origen de todo.








Si te ha gustado…

La idea de este relato se me ha ocurrido tras una conversación trascendental con mi padre. Todos estamos conectados de un modo u otro, por eso tal vez seamos los átomos de un ser enorme.
La moraleja de la historia es que las cosas más simples pueden tener una gran repercusión en las grandes. Un simple acto de bondad, puede ser insignificante para nosotros, pero muy valioso para el que lo recibe.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.fondos7.net