domingo, 13 de noviembre de 2016

Reminiscencia

La gente solo quiere recordar los buenos recuerdos y olvidar los malos, pero ¿Qué pasaría si esos malos recuerdos te hacen ser tú? Desde que salieron las tiendas de Reminiscencia, no pienso en otra cosa.
Estas tiendas se dedican a borrar los recuerdos malos y a insertar nuevos recuerdos mejorados para ocupar el lugar de los originales. Muchos acuden a estos sitios para borrar una infancia deprimente, una noche loca o un año desastroso por recuerdos inolvidables. Pero, ¿Por qué lo hacen? Fácil, porque todos queremos llevar una vida feliz, sin embargo el hacer eso no deja de ser una mentira. Tu vida se convierte en una farsa y ya no sabes lo que es real y lo que no.

Hace mucho tiempo que pienso así, ya que creo que tengo unos recuerdos que no son míos. Sin embargo eso no es posible, ya que las dudas sobre mis recuerdos, se remontan a antes de la aparición de las tiendas de Reminiscencia.
Imagen sacada de: www.fondosgratis.mx
Todo empezó cuando vi la rosa azul. Vi una rosa azul en la biblioteca de mi universidad y supe que pasaba algo. Recordaba esa rosa y sabía que tenía un significado para mí, pero no lo recordaba. Después de ese día, fui viendo más rosas azules en distintos lugares, como si la rosa quisiera que recordara.
Finalmente decidí ir a todas las tiendas de Reminiscencia que me encontraba y preguntar si me reconocían, si había utilizado sus servicios alguna vez. Todas respondían lo mismo, nunca me habían visto.
—Hola cielo, ¿Dónde has estado? — preguntó mi madre al verme entrar en casa.
—Por ahí, dando un paseo — mentí.
—¿Has oído la noticia? — me preguntó mientras hacía la comida.
—¿Qué noticia?
—El multimillonario Sadler Pick va a expandir su negocio de Reminiscencia y quiere contratar a jóvenes promesas para crear nuevos recuerdos mejorados para los clientes. Ése Pick debería ir a la cárcel por lo que está haciendo.
Mi madre siempre ha guardado un odio especial al creador de Reminiscencia, aunque no sé muy bien por qué.
—Mamá, respecto a eso, ¿Cómo sabes que los recuerdos que tienes son tuyos y no de Reminiscencia?
—Es que no lo puedes saber, ahí está la cosa — se ríe mi madre.
—Verás, es que últimamente tengo una sensación extraña — confieso— como si los recuerdos que tengo no fueran míos.
—¡Eso es una tontería! ¿Por qué dices eso?
—No lo sé, todo empezó cuando vi una rosa azul en la biblioteca y…
Me quedo callada al ver la reacción de mi madre, que momentáneamente ha dejado de batir los huevos para mirar a la ventana de la cocina, hacia el infinito.
—¿Mamá?
—¿Dónde viste esa rosa azul? — me pregunta muy seria
—En la biblioteca de la universidad, ¿Por qué?
Entonces se gira realmente afectada y busca las palabras que sus labios no quieren decir:
—Sabía que algún día pasaría esto, aunque tu padre me dijera que eso no era posible — empieza.
—¿Mamá? — pregunto un poco asustada.
—Esa rosa azul tiene un significado — dice — tú no lo recordarás, pero no eres hija única, tuviste una hermana, una hermana gemela. En aquella época tu padre y yo estábamos sin dinero, me quedé embarazada muy joven y nuestros padres no querían saber nada de nosotros después de eso. Teníamos que buscarnos la vida y acudimos a la única persona que nos podía ayudar, acudimos a Sandler Pick, antiguo vecino y amigo de tu padre. Él nos ayudó a salir del hoyo, pero su ayuda tenía un precio. Cuando se enteró de que estaba embarazada de gemelas, decidió que una de vosotras le pertenecía. Su mujer y él habían intentado tener hijos muchas veces, pero él es estéril. No nos quedó otra y le dimos a tu hermana. — confiesa mi madre entre lágrimas.
Intento encontrarle un sentido a todo y veo como las piezas van encajando poco a poco. El odio de mi madre por Sandler Pick, el hecho de que no conozca a mis abuelos… todo va encajando excepto una cosa:
—¿Y la rosa? — pregunto
—Sandler nos estuvo pagando durante años después de que le entregáramos a tu hermana, era parte del trato y cada mes nos llegaba una rosa, una rosa azul que significaba que el dinero había llegado a nuestra cuenta.
De pronto caigo en la cuenta y me horrorizo al pensarlo.
—Me borrasteis los recuerdos, para que no recordara a mi hermana ni nada de lo que pasó, Sandler Pick borró mis recuerdos.
—Lo siento — contesta llorando mi madre.
Ajena a sus sentimientos, pienso en otra cosa.
—Pero, entonces, ¿Por qué veo rosas azules ahora? ¿Quién las deja ahí?
Sin esperar la respuesta de mi madre salgo de casa aturdida, con la esperanza de que el aire fresco me calme. Mis pies se mueven solos, no sé a dónde me llevan hasta que lo veo. La mansión de Sandler Pick, creador de las tiendas de Reminiscencia, se alza ante mí.
Una figura se aproxima, lo primero que veo de ella es una rosa azul y poco a poco la figura se va definiendo hasta que al final, la veo. Es ella, la que me dejaba las rosas, su rostro es exactamente al mío y se me acelera el corazón. Ella es mi hermana.









Si te ha gustado…

Para escribir esta historia me he inspirado principalmente en Blade Runner, una de mis películas favoritas, basada en el famoso libro: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” de Philip K. Dick, habréis notado la referencia a Blade Runner en los recuerdos, ya que al final de la película el protagonista se encuentra un pequeño unicornio hecho de papel y se da cuenta de que sus recuerdos también son falsos como los de los replicantes. He oído que van a hacer un “Blade Runner 2” y solo espero que no la fastidien, ya que me daría muchísima pena.
Con este relato quiero que penséis una cosa: ¿Estáis seguros de que los recuerdos que tenéis son vuestros y no una ilusión? Borrar nuestros recuerdos malos sería un error, porque es una manera de aprendizaje.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!
Imagen sacada de: bladerunner.wikia.com

domingo, 6 de noviembre de 2016

Galacdemia



Nuestra raza está enferma. Salimos de la Tierra en busca de nuevos mundos y fuimos a caer en el más tóxico de todos, el planeta morado. Como es lógico, sabíamos que la búsqueda de otros mundos podría tener consecuencias como ésta. Por lo que ideamos un protocolo para evitar pandemias extraterrestres, comúnmente conocidas como Galacdemias.
Este protocolo consiste en evitar al máximo el número de infectados, es por ello por lo que cuando descubrimos un planeta nuevo, nuestra misión es enviar a un pequeño grupo a investigar, en vez de ir todos a la vez. Así, si el grupo pequeño sufre alguna dolencia de cualquier tipo, el resto de los humanos estaremos advertidos.
Imagen sacada de: www.muralesyvinilos.com
Yo siempre estoy en esa avanzadilla, no porque me obliguen, sino porque quiero. Como científica encuentro fascinante la existencia de tantos mundos y variedades. Elementos nuevos que podemos utilizar como especies y diversidad de vida. Quiero ser la primera en descubrirlo todo, sin embargo eso tiene un precio. Un precio que estoy pagando ahora.

—Doctora, ¿Voy a morir? — me pregunta uno de mis pacientes infectados.
No me gusta mentir a los pacientes, realmente no sé cómo curar esta enfermedad que mi pequeño grupo y yo sufrimos, así que intento eludir la pregunta:
—Voy a por un poco de agua — le digo a mi paciente antes de irme.
Nada más llegar a este planeta morado sufrimos unas fuertes abrasiones moradas por todo el cuerpo, no nos duelen, pero nos preocupa enormemente. Por lo que al final decidimos dar la alarma de Galacdemia.
Salgo del hospital de nuestra nave y me acerco a la sala de control para hablar con los pilotos:
—Tengo que salir ahí fuera — digo nada más entrar.
El silencio reina en la sala y todos los pilotos me miran desconcertados. El capitán de la nave avanzadilla se adelanta y me mira con cierto aire de desconfianza:
—¿Por qué? — me pregunta.
—Es la única forma de averiguar por qué nos está pasando esto.
—Ya sale lo que ocurre cuando salimos a la superficie, nada más salir de estas instalaciones, nuestras abrasiones, o como usted llama a estas heridas moradas, se hacen más grandes.
—Lo sé, pero no hay otro remedio, aquí no tenemos ningún medicamento ni nada que consiga eliminar nuestras heridas y si no nos deshacemos de ellas antes de pasado mañana, ya sabe lo que pasará, que esa nave de ahí fuera, se marchará, el resto de los nuestros nos darán por muertos y se irán a buscar otro planeta.
El capitán guarda silencio un momento, sus argumentos son tan sólidos como los míos y él lo sabe:
—Está bien — contesta al fin — pero voy con usted.
—¡Capitán! — exclama uno de los pilotos.
—Es nuestra única oportunidad de salir con vida — le contesta al piloto.
Está decidido y ya no hay marcha atrás, tanto el capitán como yo nos preparamos para lo que nos espera fuera y nos ponemos los trajes espaciales con la esperanza de que éstos frenen un poco el crecimiento de las abrasiones.
A causa de los gases morados del planeta, no pudimos ver desde el espacio si el planeta está habitado o no, pero ahora, desde la superficie nuestros escáneres detectan algo. Está borroso y es muy posible que al final no sea nada, pero en mi opinión, merece la pena investigarlo.
El capitán y yo salimos de la nave un poco asustados, los trajes funcionan bien y frenan un poco las abrasiones, aunque sabemos si nos exponemos demasiado, no servirán de nada. Nuestra búsqueda de una cura está planeada para una hora, así que tengo que conseguir averiguar algo en ese tiempo.
Avanzamos por la extensa selva morada, preocupados por la niebla y manteniéndonos juntos. El mapa electrónico que llevo en las manos debería guiarnos hasta la ola de calor que detecta y de la cual espero que sea animal.
El rastro se pierde en una especie de cueva y me entra el miedo de pronto, ¿Y si es un animal carnívoro? Pienso en el poco tiempo que nos queda para volver a la nave y en que tengo que aprovechar al máximo nuestro paseo. Difícilmente conseguiré volver a salir a investigar, si en este primer paseo no consigo nada.
Entro en la cueva sin demora, seguida del capital algo cansado y más afectado que yo por las crecientes abrasiones que no dejan de aparecer por todo nuestro cuerpo. Resulta extraño que esas heridas no nos duelan, que simplemente aparezcan en nuestra piel.
Una luz me deslumbra y freno el paso en el acto.
—¿Sois humanos? — Pregunta la voz que sostiene la luz que me alumbra.
—Así es — contesto intentando taparme los ojos con la mano — ¿Quién eres?
El capitán, a mi lado, ha sacado su arma de la cartuchera y apunta a la luz concentrado.
En ese momento la luz se apaga y se me hiela la sangre al ver al alienígena de aspecto humanoide delante de mí. Es morado, como los gases, y en vez de cabello, le salen unos enormes tentáculos de la cabeza.
—Yo también soy humana — dice el alienígena.
—Eso no puede ser — contesta el capitán bajando el arma asustado.
—Pensáis que los gases de este planeta son tóxicos, pero en realidad, lo que es tóxico son vuestras pieles de carne rosada. Hace mucho tiempo, decidimos salir de este planeta en busca de hogares nuevos y descubrimos La Tierra, planeta dónde decidimos quedarnos. Los humanos tenemos la habilidad de adaptarnos a nuestro entorno y aunque nos costó al principio, conseguimos adaptarnos al planeta azul. Sin embargo, ahora que habéis vuelto a casa, ya no necesitáis vuestros trajes de carne rosada y por eso, los gases de nuestro planeta os bañan para que volváis a vuestro cuerpo natural, cuerpos morados y perfectos, como el mío.
Mi incansable cerebro no deja de pensar y aunque pueda parecer absurdo, la creo, creo a la alienígena. Ya que nada más llegar a éste extraño planeta he sentido algo que no he sentido en ningún otro sitio, me siento en casa. Me quito el traje y dejo que los gases morados inunden mis fosas nasales. Es hora de ser yo misma.








Si te ha gustado…

Siempre hemos pensado que la Tierra es nuestro hogar, que nuestra especie nació aquí, que nuestras manos y nuestro cuerpo son como los vemos en este momento, pero ¿Qué pasaría si fuera todo lo contrario? Tal vez nuestro planeta de origen no es el Tierra y tal vez, nuestro cuerpo, el que tenemos ahora, no es más que una máscara. Eso supondría que ver a “los verdaderos humanos”, para nosotros sería como ver alienígenas.
Como probablemente hayas notado, para escribir este relato me he inspirado en la serie de V, los visitantes, por su terrorífica máscara humana.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!

Imagen sacada de: www.blogodisea.com