domingo, 11 de diciembre de 2016

Luces de Navidad

El año pasado, el día de Nochevieja, todo cambió. Tras la última campanada hubo un gran apagón. Un apagón que nunca terminó. La electricidad se fue para siempre, ya no teníamos luz en nuestras casas, los coches no funcionaban y los televisores y electrodomésticos se habían fundido. Eso fue tan solo el principio. Indefensos e incomunicados fuimos atacados por nuestros hermanos, las máquinas.
Se rebelaron contra nosotros y quisieron dominar el mundo. Las tornas habían cambiado. Nuestra única salida era ser sus esclavos, ya que ellos eran los únicos con electricidad, aquellos que se negaron a obedecer sus órdenes, murieron congelados por el frío nocturno.

Mi familia fue una de las que se negó a sufrir bajo la bota de las máquinas. Mi mujer y mi hijo murieron por ello, pero yo sigo en pie. Me escondí en las montañas y allí sobreviví, tal y como hicieron nuestros antepasados.
Imagen sacada de: www.aprendercomo.net
Se acerca el invierno de nuevo y el miedo aumenta. El año pasado murió más de la mitad de la población por el frío y para esta Navidad anuncian un invierno peor. Yo estoy preparado, he acumulado leña para todo el invierno y hecho abrigos y mantas suficientes, con las pieles de otros animales. Solo queda esperar.
Algo me despierta por la noche y cojo mi rifle nada más salir de la cama, todavía podrían encontrarme las máquinas. Sorprendido descubro que lo que me ha despertado ha sido una luz. Salgo al porche de mi casa y veo que la luz de mi porche está encendida.

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Hace apenas unos meses estaba convencido del ataque contra los humanos, hace unos meses estaba deseando gobernar el mundo con mis hermanos metálicos. Sin embargo, algo ha cambiado. No soy el mismo robot de antes, ya que ahora miro a mi alrededor y solo veo los mismos errores que cometieron nuestros padres humanos.
Esclavizar a los humanos fue nuestro primer error, no deberíamos hacerles pagar con la misma moneda, ya que ahora no somos distintos a ellos. Pocos piensan como yo, pero hay algunos que lo están empezando a ver.
Miro la blanca nieve que ya cubre las pisadas del día anterior y me concentro en su pureza. No siento frio, ni tengo la necesidad de cobijarme por la noche, solo protejo el establo de humanos que tengo detrás de mí.
—2314, ¿Cómo va la vigilancia del Humablo? — me pregunta mi jefe nada más llegar a mi posición.
—Tranquila, señor.
—Estupendo, no te olvides de darles de comer mañana antes de terminar tu guardia.
—Sí, señor.
Mi jefe se va y nos vuelve a dejar a solas a mi compañero, 5730, y a mí:
—Humablo — dice mi compañero — hace ya cinco meses que llevo oyendo esa palabra y todavía no me he acostumbrado.
—No le des demasiadas vueltas, 5730, o te cortocircuitaras — me río.
—¿Por qué llaman así a los establos de humanos?
—No lo sé — confieso — pero de alguna forma lo tendrían que llamar.
Pienso bien mi siguiente pregunta antes de formularla:
—¿Estás contento con tu trabajo, 5730?
Él sabe perfectamente a qué me refiero y que la pregunta va en contra de nuestras normas, así que tan solo nos miramos de reojo como respuesta.
Un ligero movimiento capta nuestra atención y apuntamos con nuestras armas. Extrañado miro una bombilla en la linde del bosque, es una luz roja.
—Voy a ir a ver, tú quédate aquí — le digo a mi compañero.
—Ten cuidado, 2314.
Camino hasta la bombilla roja y una vez allí, veo como una bombilla azul de la misma forma se ilumina a unos pocos metros dentro del bosque.
Una parte de mí quiere volver con mi compañero e informar, pero la otra tiene curiosidad. ¿Cómo es posible que alguien tenga electricidad si no es un robot?
Sigo el camino de luces navideñas que me guía por la oscuridad del bosque, cuando llego a la posición de una luz, se enciende otra y así hasta mostrar una dirección.
Finalmente veo otras luces a lo lejos y una sombra que al igual que yo, ha decidido seguir el camino de éstas. Apunto con mi arma a la sombra y me acerco a ella lentamente. Poco a poco descubro que la sombra es un humano que me apunta con un rifle.
—Baje su arma humano, la resistencia es inútil — digo.
—¿Has sido tú el que me has traído hasta aquí con las luces? — me pregunta.
—No — contesto — vi una luz en la linde del bosque y la seguí, las luces me han traído hasta aquí.
—Lo mismo a mí — dice confundido.
—Baje su arma, humano — repito
—Bájala tú
Una estupidez cruza por mi mente y miro a mi alrededor para asegurarme de que ninguno de mis hermanos se esconde entre los árboles.
—Está bien — digo bajando mi arma y tirándola al suelo.
El humano me mira sorprendido, ya que es la primera vez que un robot se rinde.
—No quiero hacerte daño — le digo — hace unos meses que llevo pensando en que el ataque a los humanos estuvo mal y ahora quiero cambiar las cosas.
El humano duda y como es normal piensa que es una trampa, pero tras mucho pensar, tira su arma y nos acercamos como dos aliados.
—Hay una cosa que no me ha quedado clara — dice — si tú no has puesto estas luces y yo tampoco, ¿Quién lo ha hecho?
En ese momento se oye un tintineo y ambos cogemos nuestras armas. Un trineo se eleva sobre la copa de los árboles, empujado por unos ciervos y ese momento sé, que estas Navidades lo cambiarían todo.








Si te ha gustado…

Para escribir este relato me he inspirado en la serie de Revolution, en la que de un día para otro se pierde la electricidad y en Stranger Things, la serie del año, en el que las luces navideñas lo cambian todo.
Me gusta la Navidad y tengo un desarrollado espíritu navideño, así que dejar que Santa Claus sea la solución a este relato, me ha parecido apropiado. Que sea Papá Noel el que junte a las dos razas, robots y humanos con una serie de luces navideñas y que así se anuncie el fin de la dominación robótica y de la sumisión humana.
Dicho esto, espero que os haya gustado mi relato y que me dejéis vuestros comentarios, dudas y opiniones al respecto.
Y un saludo de Silvia!!
Imagen sacada de: fansided.com

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